Los servicios ambientales: ¿falacia o solución a la contaminación del planeta?

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Por: FEDERICO MÜLLER. Fue en el año 2008 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU), preocupada por los efectos perniciosos del crecimiento económico en la ya de por sí maltrecha naturaleza, atribulada por los excesos históricos del consumismo a rajatabla del sistema capitalista, publicó el Programa para el Medio Ambiente (PNUMA), que fue escrito por especialistas en la materia, quienes consideraron a la economía verde como el objetivo superior de desarrollo; sin embargo, para lograrlo advirtieron los expertos se necesita del consenso y de un nuevo acuerdo entre los gobiernos y los agentes económicos privados de todo el planeta.

La meta en el mediano plazo es alcanzar el crecimiento económico global equilibrado. La economía de los ecosistemas y la biodiversidad, es decir el capital natural, son algunos de los factores que deben considerarse, desde esa óptica verde, en la estructura de las actividades económicas y destino geográfico de las inversiones. También señalaron que el capital verde debe «protegerse» con el uso de tecnologías limpias como la biomasa y el mercado del carbono.

Una parte importante y muy significativa de ese mercado lo conforman los servicios ambientales, los cuales brevemente se comentarán en este artículo, que trata de difundir las bondades de mantener una economía en armonía con la naturaleza.

LOS SERVICIOS AMBIENTALES.– Es un término acuñado en la economía de mercado, pero con una pretensión ecológica; utilizar incentivos económicos entre los nativos o habitantes de un determinado lugar con características «excepcionales», para resguardar sus atributos ecológicos. Verbigracia: áreas verdes (bosques, manglares,..) que contribuyen a mantener o con su cuidado especializado a mejorar el ambiente.

Es más rentable desde la perspectiva ambiental restringir las actividades productivas de explotación o aprovechamiento del suelo (siembra, pastoreo, tala,…etc.,) e inducir al campesino o indígena a convertirse en un «guardabosque» de su terruño; la reconversión de actividades se puede premiar mediante un salario predeterminado, que le conmina a desarrollar otro tipo de funciones y tareas diferentes a las tradicionales.
El interés particular de las comunidades se subordina y surge un sistema de comercialización de los servicios ecológicos o ambientales, que responde a intereses supra regionales.

CRÍTICAS A LOS SERVICIOS AMBIENTALES.– Cuando están en juego intereses económicos y se trata de regular una actividad, casi siempre aparecen inconformidades. Voces de ambientalistas fundamentalistas que llevan formal o informalmente la representación de las comunidades propensas a entrar en ese esquema de mercado.
Entre los principales señalamientos que han hecho se pueden enumerar los siguientes: El mercado del carbono no modifica ni un ápice el esquema de producción y consumo capitalista contemporáneo. Al contrario, lo preserva y es un producto del mismo. Esto es, trata de remediar, solamente los efectos y margina las causas estructurales de la crisis ambiental, entiéndase la destrucción gradual de los bosques en el mundo, que se origina en el modelo económico actual.
Según ellos, el paradigma capitalista sólo favorece a una minoría de la humanidad, y se sostiene gracias a innumerables injusticias sociales y ambientales.
Su cambio es urgente, transitar hacia otras formas de producción y consumo con justicia social y ambiental. Los más radicales abogan por dejar los hidrocarburos en el subsuelo y sustituirlos por energías renovables. Siguen diciendo, y ahora enfocan la crítica desde el punto de vista antropológico: «La lógica y el funcionamiento de los servicios ambientales fueron pensados por científicos provenientes de la cultura occidental, que continúan fragmentando y separando al ser humano de la naturaleza, en relación a los beneficios de esos «servicios» sobre todo para la vida humana.
Sin embargo, los pueblos del bosque tienen visiones y experiencias de convivencia e integración con la naturaleza que garantizan el bienestar de ambos, muy diferentes; así surgen otras visiones sobre la naturaleza, como el «buen vivir», los derechos de la Madre Naturaleza, su no-mercantilización y no-financierización.

Al ponerles un precio como forma de valorizar los servicios ambientales, son descartadas otras formas, otros lenguajes, principalmente de los pueblos del bosque, de valorar y conservar la naturaleza…».
«…El comercio de servicios ambientales tiende a ser un estímulo más para la expansión de las plantaciones de monocultivos de árboles, consideradas bosques plantados por la FAO y otras instituciones internacionales y gobiernos nacionales…» (Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales. WRM; www. ecoportal.net).

Me llamó la atención el testimonio de un aborigen africano, que publicó hace algunos días la prensa de circulación nacional, que enfáticamente externó: «cuando plantamos alimentos tenemos comida, tenemos agricultura y también caza; las mujeres sacan cangrejos y peces de los ríos. Tenemos diversos tipos de legumbres, y también plantas comestibles del bosque, y frutas, todas las cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas y todo lo que precisamos». Y eso no tiene precio. Estandarizar y manejar un pensamiento único puede ser riesgoso para los organismos internacionales (ONU, BM, BID…) cuando formulan políticas públicas de carácter ecológico y envergadura internacional.

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