Más riesgo para las ballenas. NO a la caza comercial de ballenas

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Por: Anton Luaces / Andrea Perez
Muchos seguimos de cerca las conversaciones internacionales que tienen que ver con los esfuerzos para evitar que las ballenas se extingan, como consecuencia de la caza implacable de los balleneros japoneses, islandeses y noruegos, que hoy son los únicos que las persiguen, cazando unas 1500 al año para la alimentación y la industria farmacéutica.

Aprovechan pícaramente algunos resquicios legales y, disfrazados de investigadores científicos, las terminan llevando a las mesas de unos pocos privilegiados. La reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional -esta vez en la bucólica Agadir, en Marruecos-, a la que fueron invitados los ochenta y ocho miembros del organismo, había generado expectativa. Más que eso, preocupación, porque podía llegar a fracasar. Y así fue. Las posiciones de las partes estuvieron tan distantes que no hubo posibilidades de entendimiento alguno. La moratoria dispuesta en 1982 para proteger a las ballenas no pudo ser reemplazada por un régimen de diez años, promovido por el eficaz diplomático chileno Cristián Maquieira, presidente de la Comisión, que hubiera permitido continuar con la caza comercial, pero con límites y cupos decrecientes y bajo un estricto control. Por eso, la protección a las ballenas está ahora en serio peligro.

La caza de la ballena incluye, recordemos, a las aguas antárticas, en las que Japón da muerte bárbaramente a cientos de ballenas cada año. Ese país, intransigente, no quiso acordar un límite a esas actividades balleneras y, menos aún, suscribir un eventual proceso que, en el tiempo, pueda llegar a prohibir la caza. Y las conversaciones por ende naufragaron.

Mientras tanto, Australia está demandando formalmente a Japón ante la Corte Internacional de Justicia para evitar que la caza de las ballenas incluya las aguas del océano en torno de la Antártida, a las que pretende transformar en santuario para los cetáceos.

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) no se ha atrevido o, simplemente, no ha querido abordar decididamente el problema que plantean a los demás países miembros los intereses de Japón, Islandia y Noruega, primordialmente.

No ha tenido en cuenta lo logrado en 25 años de moratoria ni el hecho de que la Antártida perdió casi la totalidad de sus poblaciones de grandes cetáceos, especialmente ballena azul, en los últimos cien años.

Si en la actualidad existe un lugar de refugio, una zona de protección para las ballenas, esta es el santuario antártico. Por ello, la no eliminación de su caza por parte de la CBI es una piedra más en la construcción del edificio que alberga los afanes de países que, como Japón, se amparan en el interés investigador para disfrazar su faz más comercial que es la que ansía cazar ballenas por los resultados económicos de su actividad depredadora. Naturalmente, con Islandia y Noruega como escuderos.

2 comentarios en “Más riesgo para las ballenas. NO a la caza comercial de ballenas”

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