Mexico: Pilas y medio ambiente

Por: Luis Manuel Guerra

Uno de los íconos del ambientalismo actual es el efecto dañino de las pilas en el medio ambiente. Una de las acciones imprescindibles que debe tomar cualquier persona respetuosa del medio ambiente es separar las pilas y llevarlas posteriormente a un sitio de reciclaje.

Yo mismo impulsé acciones hace más de 15 años para que mis radioescuchas del programa Ecocidio de Radio Red llevaran sus pilas usadas a la estación para enviarlas a un sitio de reciclaje.

Se acopiaron más de dos toneladas de pilas que se guardaron en tambores de 200 litros en el estacionamiento de la estación, y al buscar empresas que reciclaran las pilas en México me llevé una gran sorpresa: no había en mi país nadie que reciclara verdaderamente pilas usadas. Las que se ofertaban como recicladoras de pilas usadas en realidad disponían de ellas en tiraderos municipales.

Me dediqué a buscar entonces quién en el mundo reciclaba pilas usadas (no baterías plomo ácido, como las de los autos, para las cuales sí existían varias empresas en México que lo hacían, y exitosamente). Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que existían en el planeta únicamente dos instalaciones industriales que efectivamente reciclaban (no sólo destruían) pilas usadas, una en Estocolmo, Suecia, y la otra en Tokio, Japón.

Ambas eran empresas altamente deficitarias y sobrevivían con fuertes subsidios gubernamentales. Inicié en ese entonces una investigación sobre lo que realmente pasaba con estos demonios del desarrollo consumista del hombre blanco que estaban acabando con los ecosistemas del planeta, porque me sentía defraudado en mi ímpetu ambientalista y realmente no sabía lo que estaba pasando con las pilas domésticas usadas.

Organicé en 1993 el “Primer Seminario sobre la Pila Doméstica” en El Colegio de México, con la participación de las autoridades ambientales federales del recién creado Instituto Nacional de Ecología (todavía no existía el ministerio el medio ambiente, la Semarnap, así con “P”), con investigadores de la UNAM y la UAM y los fabricantes y distribuidores de pilas domésticas.

Fueron reveladores los resultados de este seminario, sobre todo en cuanto a la falta de información validada y actualizada prevalente entre los participantes. Tengo que conceder que precisamente en esos años se estaba llevando a cabo la transformación tecnológica más importante de los últimos 50 años en cuanto a la fabricación de pilas domésticas, y por lo tanto los fabricantes no tenían todavía definida una estrategia de comunicación adecuada, y por el otro lado el colectivo del público en los países industrializados estaba todavía muy influenciado por los eventos de contaminación por mercurio ocurridos en Japón en los años 50, precisamente relacionados con las pilas domésticas.

En las próximas breves líneas trataré de sintetizar cómo se formó en la mente colectiva de la ciudadanía esta imagen negativa de las pilas domésticas: resulta que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Japón experimentó un nuevo desarrollo industrial espectacular para levantar al imperio que estaba en ruinas.

Uno de los motores de este desarrollo fue el advenimiento de la comunicación electrónica, principalmente el desarrollo de los transistores, que dieron origen a los primeros radiorreceptores de bolsillo, los “radios de transistores made in Japan”, que usaban baterías domésticas pequeñas. Para darles estabilidad eléctrica (impedir que explotaran espontáneamente o se “chorrearan”) se les agregaba mercurio como estabilizante.

Resulta que el mercurio es un metal pesado neurotóxico, que al llegar a cuerpos de agua como ríos, lagos o lagunas, o incluso al mar, produce una contaminación de alto impacto en la salud de los seres vivos. Una de las fábricas más importantes de pilas domésticas se localizaba en la bahía de Minamata. Las descargas de las primeras fábricas de pilas llegaban directamente al mar, causando la bioacumulación de mercurio en la fauna marina de la bahía.

Siendo Minamata originalmente un pueblo de pescadores, las principales fuentes de alimentación de la población eran los peces de la bahía, originándose así una intoxicación importante por mercurio de la población. Se generó así un problema de salud pública llamado la “Enfermedad de Minamata” que causa, entre otros problemas graves, la deformación de las articulaciones, principalmente en niños.

El problema explotó a nivel nacional en Japón, cuando el Asahi Shimbum, uno de los periódicos de mayor circulación en Tokio, publicó en primera plana la fotografía de una madre bañando con una esponja y con suma delicadeza a su hija en una tina de baño. La pequeña estaba totalmente deformada por la Enfermedad de Minamata y sufría dolores extremos.

Esto provocó una reacción enérgica en la sociedad nipona, desembocando en los años 80 en la prohibición de usar mercurio en las pilas domésticas. Diez años después, todos los fabricantes serios a nivel mundial eliminaron el mercurio en la fabricación de las pilas domésticas, desarrollando válvulas de escape de los gases que podrían hacerlas explotar.

Las envolturas metálicas de las pilas cilíndricas ostentan la leyenda Hg 0% (cero contenido de mercurio) y son seguras para su disposición junto con los desechos metálicos (latas, corcholatas, papel aluminio) o con los inorgánicos o secos del hogar. Más aún, el guardar juntas todas las pilas usadas puede provocar pequeños cortocircuitos por las cargas eléctricas residuales, por lo que no es seguro guardarlas juntas en un mismo recipiente.

Ahora bien, las pilas “pirata” que se venden en las salidas del metro o en los tianguis no aseguran su ausencia de mercurio, por lo que no garantizan su inocuidad ecológica y no las debemos consumir. Precisamente por su dudoso origen, tampoco garantizan su capacitancia (duración eléctrica), y finalmente terminamos los consumidores pagando más caro el servicio de estas pilas porque se agotan mucho más rápido que las que tienen garantía.

El desarrollo tecnológico que tienen las pilas AAA, AA, C, D y las rectangulares de nueve voltios las hacen perfectamente seguras para su disposición final con los otros desechos del hogar. Sus componentes actuales, óxidos de fierro y de manganeso, se incorporan perfectamente a los elementos existentes en la corteza terrestre.

Hay muchas marcas serias en el mercado, como Varta, Duracell, Energizer, Sony, Rayovac, Eveready, que nos garantizan a los consumidores hoy en día que no estamos dañando el medio ambiente al disponer de ellas junto con nuestros desechos inorgánicos o “secos”.

Debemos tener cuidado de no consumir pilas “pirata”, porque eso sí es un crimen ecológico. Ahora existe un desarrollo tecnológico todavía más avanzado, que son las pilas recargables: una pila recargable sustituye a mil pilas de las primarias (las que se tiran después de que se descargan una vez), con lo que se reduce importantemente el volumen de las pilas desechadas. Los mexicanos consumimos actualmente 10 baterías desechables por cabeza cada año (¡alrededor de mil millones de baterías en total cada año!). Usando baterías recargables tendríamos un consumo de un millón de baterías solamente, con lo que contribuiríamos efectivamente a proteger nuestra naturaleza. Es cuestión de tomar conciencia.

1 comentario en “Mexico: Pilas y medio ambiente”

  1. Pingback: Bitacoras.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba