«Mi móvil antes era un vibrador»

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Todo se recicla, nada se pierde. Es la máxima que debe regir una sociedad avanzada y comprometida con el medioambiente. Incluso con reciclajes tan sorprendentes como estos. Todo cuenta, hasta un vibrador. Y no, no es un chiste.

Generalmente, un vibrador lleva una parte electrónica y otra plástica. Si no se reciclan ambas correctamente puede tardar más de 100 años en degradarse. La parte externa contiene silicona o plásticos de diferentes tipos, como el TPR, el TPE, el ABS y el PVC, este último especialmente tóxico.

Y luego están las baterías. Una pila-botón, compuesta de mercurio, puede contaminar 600.000 litros de agua, equivalente al consumo de 30 personas durante toda su vida; una batería alcalina, 175.000 litros, y una pila común, 3.000 litros de agua.

En ese sentido, un vibrador es igual de contaminante que un mando a distancia o un móvil.

¿Cómo se recicla? Una vez separados plásticos de metales, estos se disocian: el hierro, cobre, estaño, aluminio o el oro con el que se bañan elementos de la placa interna. Tras su fundición, el aluminio, por ejemplo, se reutiliza para fabricar ventanas y bicicletas. Los materiales plásticos revivirán en juguetes, tuberías y mobiliario urbano. Así que asúmalo: el cobre y el estaño de su tablet pueden provenir de la plancha de su suegra o el vibrador de su hermana o su vecino.

Y, por supuesto, piense que cuando a su teléfono ya no le quede más tiempo, tendrá que hacer lo mismo con él. Por desgracia, lo que se recupera de ellos no es mucho en cuanto a peso (620 kg de plástico, 250 kg de metales y 800 gramos de metales preciosos por cada tonelada de móviles reciclada), pero incluso cantidades discretas como estas son ya una gran e inestimable contribución al medioambiente.

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