Muere niña de 8 años, violada por 16 hombres durante más de dos años

Una niña de 8 años falleció el jueves de la semana pasada en Chennai (Tamil Nadu, India) después de haber sido violada durante más de dos años por 16 hombres, entre ellos varios familiares suyos, informan medios locales.

La menor, que soñaba con ser agente de policía, había estado sufriendo dolor estomacal y fiebre poco antes de fallecer. A la espera de los resultados de la autopsia, se ha registrado el deceso como «muerte en circunstancias sospechosas».

La pequeña fue encontrada por su madre, llamada Lakshmi, inconsciente en el suelo del baño de su casa. Una vez trasladada al hospital, los médicos no pudieron más que confirmar su fallecimiento.

En 2017, Lakshmi se separó de su esposo y se mudó a otra ciudad, dejando a sus dos hijas en casa de un pariente. Cuando las visitó un año después, descubrió que habían sido agredidas sexualmente por dicho familiar y otros hombres, que la amenazaron para que no denunciara los hechos.

La mujer decidió entonces trasladar a sus hijas a Puducherry, al este del país. Cuando una de ellas se desmayó en la escuela, un chequeo médico desveló que había sido violada, y una investigación posterior reveló que tanto ella como su hermana habían sido víctimas de repetidas agresiones sexuales durante más de dos años. Fue entonces, en julio de 2019, cuando Lakshmi denunció finalmente los hechos a la Policía y 16 hombres fueron encarcelados, aunque en menos de medio año quedaron en libertad bajo fianza.

Sin sentimiento de culpa

Para las autoridades locales, es mucho más difícil trabajar en áreas tribales o sitios donde las castas condicionan todos los aspectos de la vida, como ocurre en la India rural: la primera tarea de la policía, las ONGs y los trabajadores sociales que operan en comunidades rurales o guetos tribales consiste en ganarse la confianza de las víctimas, que a menudo sienten que dejarán de estar protegidas cuando las autoridades dejen de estar presentes.

Ya sea por factores culturales o porque simplemente se trata de las víctimas más vulnerables, las menores de edad son el grupo que más sufre este tipo de crímenes: de las aproximadamente 40.000 violaciones denunciadas en la India, la mitad fueron contra menores de 18 años.

Otra de las características que suele repetirse es la actuación en grupo, lo que según los expertos, contribuye a difuminar el sentimiento de culpa entre quienes lo perpetran. En ocasiones, cuando alguno de estos casos llega a juicio, ocurre que alguno de los violadores se declara culpable, mientras que otros no consideran que su crimen fuese más que un acto de gamberrismo que a veces encuentra justificación si la víctima vestía de manera no tradicional, si iba caminando sola de noche o si simplemente «estaba provocando».

Casarse con el violador

En muchas ocasiones, en vez de mostrar arrepentimiento, quienes perpetran este tipo de crímenes piensan que el mayor perjuicio que le han infligido a sus víctimas es que, por haber sido violadas, les será más difícil contraer matrimonio, sobre todo si se trata de una niña o una chica virgen, por lo que intentan reparar sus actos prometiendo desposarse con la niña que han violado cuando ésta sea mayor de edad.

Uno de los supuestos que la ley india contempla a la hora de definir una violación es el contacto sexual bajo la promesa de contraer matrimonio; cuando el novio rehúsa casarse con la chica con la que ha estado manteniendo relaciones sexuales, puede ser acusado de violación.

La falta de educación sexual, unida al tabú que todavía rodea a todo lo que tiene que ver con el sexo en una sociedad tan tradicional como la india, un país donde la edad media es de 29 años y los matrimonios concertados se consuman sin que los novios se hayan conocido bien antes y sin que, por supuesto, se hayan elegido mutuamente, forman un panorama de represión, frustración y violencia sexual contenida.

Las manifestaciones ciudadanas que toman las calles cada vez que se produce un caso de brutalidad extrema o especialmente sangrante, demuestran que la sociedad india ha cambiado con respecto al pasado, cuando los jóvenes en busca de «documentación estimulante» acudían a determinados vendedores callejeros de revistas para pedirles en voz baja «magazines con masala».

En la solución a esta lacra debería primar, además de la educación sexual, la atención adecuada a las víctimas, que muchas veces desconocen los servicios que tienen a su disposición. Por otro lado, aunque el Gobierno indio ha puesto en marcha centros de atención a mujeres agredidas donde se les ofrece ayuda médica y legal, esta red es poco extensa y no es muy eficiente.

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