No cualquier revolución verde es beneficiosa

Por: Bjørn Lomborg
Frente al avance de una recesión mundial, hoy peligra cualquier acción contundente contra el calentamiento global. En vista de que la gente está perdiendo empleos e ingresos, la ayuda económica inmediata parece importar más que las diferencias de temperatura de aquí a 100 años.

Sin embargo, muchos expertos verdes empezaron a decir que la crisis financiera no hace más que aumentar la necesidad de emprender una acción contra el cambio climático. Instan al presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, a propiciar una «revolución verde» con grandes inversiones en energía renovable, con el argumento de que esto podría crear millones de nuevos empleos «verdes» y abrir nuevos mercados de volumen considerable. No sorprende que estos sentimientos sean expresados por líderes empresarios que viven a costa de este tipo de subsidios.

Ahora bien, ¿estas peticiones son inversiones inteligentes para la sociedad? El problema con el argumento de la revolución verde es que no se ocupa de la eficiencia. La mayoría de las veces se la elogia porque ofrece nuevos empleos. Pero miles de millones de dólares en subsidios impositivos crearían una gran cantidad de empleos nuevos en casi todos los sectores: el punto es que muchos sectores que requieren menos inversiones en bienes de capital crearían muchos más empleos por una determinada inversión del dinero de los contribuyentes.

De la misma manera, las iniciativas verdes abrirán nuevos mercados sólo si otras naciones subsidian tecnologías ineficientes compradas en el extranjero. El verdadero juego pasa a ser qué naciones llegan a absorber los subsidios financiados por impuestos de otras naciones. Más allá de la resultante ineficiencia global, esto también crea toda una nueva masa de actores industriales que seguirán defendiendo una legislación ineficiente, simplemente porque llena sus arcas.

Un buen ejemplo es Dinamarca, que hace un tiempo proporcionó gigantescos subsidios para la energía eólica, construyendo miles de turbinas ineficientes en todo el país desde los años 80.

Hoy, se observa que Dinamarca está ofreciendo una turbina eólica a uno de cada tres habitantes en el mundo, creando miles de millones en ingresos y empleo. Hace unos años, sin embargo, el Consejo Económico de Dinamarca llevó a cabo una evaluación exhaustiva de la industria de las turbinas eólicas, teniendo en cuenta no sólo sus efectos benéficos en términos de empleos y producción, sino también de los subsidios que recibe. Se determinó que el efecto neto para Dinamarca era un pequeño costo, no un beneficio.

Como es lógico, el principal productor eólico de Dinamarca hoy está instando a que se tome una acción contundente sobre el cambio climático que implicaría aún más ventas de turbinas eólicas. La compañía patrocina el programa «Planeta en peligro» de la cadena CNN, que ayuda a galvanizar la presión pública para que se emprenda una acción.

El punto crucial es que muchas tecnologías verdes no son costo-efectivas, al menos todavía. Si lo fueran, no haría falta subsidiarlas. La respuesta convencional es que las tecnologías verdes parecen más costosas sólo porque el precio de los combustibles fósiles no refleja sus costos climáticos.

El debate recién empieza. Pero si realmente queremos abordar el tema del calentamiento global, no deberíamos invertir grandes sumas de dinero en la compra de tecnología verde ineficiente.

1 comentario en “No cualquier revolución verde es beneficiosa”

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