Obama y su plan contra el cambio climático

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Por José Luis Balmaceda. Más allá de las acciones que acometamos internamente para mejorar nuestro medio ambiente, es un hecho de que la efectividad de un acuerdo global en esta materia sólo será posible si los grandes emisores (EE.UU. y China) resuelven asumir el liderazgo de este proceso. CON INTERES recibimos las declaraciones del Presidente Obama en la primera conferencia de prensa luego de su reelección, señalando que la lucha contra el cambio climático y calentamiento global constituirá una “misión personal” de su segundo período. Se trata de otra evidencia más de cómo el huracán Sandy ha impuesto este tema en la agenda política norteamericana.

Sus expresiones coinciden con el próximo inicio de la Cumbre sobre Cambio Climático de Doha, abrigando un moderado optimismo en cuanto al papel que ese país podría jugar en la misma, al enfatizar que “el calentamiento global está ocurriendo más rápido de lo esperado como consecuencia del comportamiento humano”. En Qatar se resolverá el futuro del Protocolo de Kioto, único instrumento vigente que obliga a países desarrollados a reducir sus emisiones, del cual los Estados Unidos no es parte.

Asimismo, se espera definir una hoja de ruta destinada a negociar un acuerdo globalmente vinculante que entraría en vigor el 2020, lo que demandará una definición de las obligaciones que todos estamos en condiciones de asumir. Hasta ahora Washington ha planteado una reducción de emisiones del 17% al 2020 respecto de los niveles de 2005, en el enten-dido de que el futuro acuerdo contemple compromisos vinculantes para todas las grandes economías, lo que significa una mayor diferenciación de responsabilidades.

Más allá de las acciones que acometamos internamente, es un hecho de que la efectividad de un acuerdo global sólo será posible si los grandes emisores (EE.UU. y China) resuelven asumir el liderazgo de este proceso. Conforme a recientes estudios, entre 1990 y el 2100, el mar debería crecer cerca de un metro de no adoptarse drásticas medidas en materia de preservación de glaciares. Desde 1979 al 2011, el Artico se ha reducido en casi un 50%, mientras que la Antártica pierde unos 152 kilómetros cúbicos de hielo al año.

Doha podría marcar un punto de inflexión si es que se encuentra la voluntad política necesaria para alcanzar acuerdos que hoy resultan indispensables en el trato de un tema en donde los componentes del desarrollo sustentable aún no han podido conciliarse.

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