Panamá: Agua, escenarios inciertos de un recurso escaso

Panamá es un país privilegiado en cuanto a disponibilidad natural de agua. El Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas, lo sitúa muy buena posición entre países del mundo, en relación a disponibilidad de agua por habitante. No obstante esta posición, y en estrecha relación con la heterogeneidad climática de Panamá, es posible detectar diferencias de hasta 800 veces entre sectores dentro del pais.

A las diferencias de disponibilidad naturales, condicionadas por nuestra localización geográfica, hay que agregar la ocurrencia de períodos de déficit de las precipitaciones o sequías, atribuibles al fenómeno de La Niña, que la ciencia asocia a variaciones normales de las temperaturas de la superficie del mar como consecuencia de anomalías globales que según algunos científicos se estarían agravando a causa del efecto invernadero.

Las condiciones de escasez y sequía, se ven acentuadas por efecto directo del hombre, producto del crecimiento demográfico, urbanización, y expansión de actividades productivas intensivas en el uso del recurso agua. A esto se suma la alteración de ecosistemas frágiles que desempeñan un rol fundamental en materia de almacenamiento y retención de agua. Por otro lado, también se constatan algunos efectos del cambio climático como la disminución sostenida de las precipitaciones, principalmente en la Zona Central que reúnen registros históricos de más de 100 años. También se evidencia, un aumento de las temperaturas mínimas, lo que afecta directamente las reservas de agua.

Ante este escenario de incertidumbre y escasez creciente respecto de la disponibilidad del recurso agua, han cobrado fuerza diferentes soluciones tecnológicas, como la captación de agua a partir de atrapanieblas, reutilización de aguas grises, instalación de plantas desalinizadoras e implementación de sistemas de reciclaje del agua en procesos productivos, entre otros.

A pesar de contar con este tipo de soluciones tecnológicas, se advierte la necesidad de abordar problemáticas y generar proyectos a escala local para solucionar los problemas de disponibilidad de agua de los grupos más vulnerables de la sociedad, como por ejemplo comunidades indígenas y pequeños agricultores, actores altamente sensibles a la escasez de agua.

Paralelamente, es necesario avanzar en aspectos educativos que involucren a la sociedad en su conjunto, por ejemplo es urgente concientizar a la población respecto de los efectos de los incendios forestales, la importancia de la conservación de la biodiversidad y las alteraciones humanas al ciclo hidrológico.

También es importante avanzar en el plano ético, sancionando socialmente a quienes incurran en prácticas como el uso indiscriminado de los recursos hídricos.

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