Podemos seguir confiando en empresas y gobiernos?

GRECIA CRISIS

Por: Mario Radrigán. Parece claro que la ciudadanía ha dejado de cifrar sus esperanzas en  citas multinacionales, pues la sociedad civil ya no espera que de ellas surjan grandes soluciones ni grandes acuerdos.

Este desencanto tiene que ver básicamente con que las complejidades de los problemas sociales, ambientales y económicos son de tal magnitud que escapan a lo que una cita de pocos días pueda alcanzar. Especialmente en los tópicos ambientales, gobiernos y multinacionales aparecen como los culpables frente a una ciudadanía que en los últimos años ha aumentado en cuanto a capacidad de organización y claridad de sus demandas.

Desde mi perspectiva, tanto el mercado como las empresas privadas con ánimo de lucro hacen su actividad en función de los criterios de sus propietarios e inversores y no tienen un sentido de responsabilidad social intrínseca. El rol del Estado, por otra parte, en muchos países ha ido perdiendo eficacia en la medida que se liberaliza la economía, se promueve la circulación de los capitales y todo queda en un contexto donde los gobiernos tienen pocas herramientas para poner límites a la empresa.

Al respecto, se ha hablado de la economía social y solidaria (ESS) como la alternativa a la imposición de una economía verde, que según sus detractores no es otra cosa que seguir con el actual modelo económico, pero empleando tecnologías más limpias para reducir su huella de carbono.

Es importante es ser cauto en este tipo de aseveraciones y también tener en cuenta que la Economía Social no es en sí misma una solución mágica a los problemas que presenta el desafío de la preservación del medio ambiente y de un enfoque económico más sustentable.

Sin embargo, por sus principios, la ESS sí puede tener una visión más sostenible y amigable con su entorno.

Para ejemplificarlo podemos verlo desde tres perspectivas.

La primera es que, efectivamente la mayor parte de las organizaciones que uno puede definir como integrantes de la ESS, tienen una identificación con un determinado territorio. Por lo tanto, el sentido común va a apuntar a que debiera haber una mayor preocupación por la preservación de ese entorno. Esto, a diferencia de la empresa privada anónima, que es un ente foráneo que explota, profita y se va del lugar una vez agotados los recursos.

El segundo punto es que las empresas y organizaciones de la ESS pueden asumir un rol de liderazgo en la preservación del medio ambiente y logren tener un rol de protagonismo en distintas acciones y planteamientos que tengan que ver con la preservación del medio ambiente, que permita movilizar personas, recursos y que permita generar conciencia y una actuación sistemática frente a los distintos poderes públicos y privados, no tan solo porque su actividad económica empresarial sea sustentable, sino porque esta es su bandera de lucha ante la comunidad.

Una tercera vía es que las entidades de ESS se aboquen a emprendimientos sociales que estén orientados expresamente a la promoción y cuidado del medio ambiente y que produzcan tecnología que pueda ser apropiada por la población. De esa forma, pueden, por una parte generar soluciones que hoy no existen y que no están siendo acogidos ni asumidos por nadie y, por otra, dado que no se tiene como primera prioridad el lucro, puede permitir la generación de soluciones económicamente más eficientes que una empresa que persigue un alto nivel de rentabilidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba