Por qué debemos eliminar la energía nuclear como fuente productora

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Por: Mag. Juan Carlos Núñez
En estos días se cumplieron 25 años de la trágica explosión del reactor Nº 4 de la planta nuclear de Prípiat (Chernobyl) en Ucrania, que significó una verdadera tragedia humana –quizás la mayor– producida por un accidente nuclear en las postrimerías del siglo XX.

En correlación también hace pocas semanas un complejo y devastador cambio climatológico combinado entre terremoto y tsunami asolaba las costas del este del Japón produciendo la mayor tragedia mundial del nuevo siglo XXI.

Este pavoroso desastre cuyas miles de vidas aún es prematuro informar, oscilan entre 15.000 y 25.000 fallecidos a causa de este fenómeno de la naturaleza, que tras su paso, desnudó en lo que respecta a nuestra temática, la fragilidad de las centrales nucleares.

De ello, la vasta experiencia del Japón en la materia, en razón de las múltiples centrales que funcionan en su territorio, no obstaculizó que se produjera a priori el mayor accidente nuclear en el nuevo siglo, que seguramente con el correr de los años traerá contaminación y muerte.
Si tomamos en cuenta que la ciudad de Prípiat, la población más cercana a la central de Chernobyl, fue totalmente evacuada de decenas de miles de personas que nunca mas volvieron a sus hogares, no cabe duda que las medidas tomadas por los japoneses en tal sentido –exclusión de personas en un radio de 50 Km. de Fukushima– tendrá inexorablemente idéntico resultado.

De Chernobyl sabemos a ciencia cierta que se esparcieron alrededor de 200 toneladas de material radioactivo con una radioactividad de 50 millones de curios, un equivalente a unas 500 bombas atómicas como las arrojadas por el célebre “Enola Gay” sobre Hiroshima, afectando en su momento a mas de 5 millones de personas en forma directa, principalmente de Rusia, Ucrania y Bielorrusia según fuentes de la OMS. De Japón aún no hay cifras provisorias sobre el escape, pero algunos analistas, predicen que la fuga a esta altura ya fue mayor que la de Chernobyl.
Para tener una real dimensión comparativa de la destrucción nuclear y lo sufrido hace 25 años, la República de Ucrania difundió hace poco un nuevo atlas actualizado de las zonas afectadas por las fugas radioactivas de la planta siniestrada, informando que se registra una intensa contaminación de los suelos con cesio–137, estroncio–902 y plutonio 238,239 y 240, pronosticando el nivel de contaminación con americio para el año 2056, siendo en esta fecha donde el Américo–241 alcanzara su máximo valor, a consecuencia de la desintegración del plutonio–241.

Según expertos, las zonas de exclusión nunca serán aptas para vivir en ellas, pues se han detectado isótopos radioactivos con un periodo de desintegración en torno a los 24.000 años y debido al cesio y estroncio en la tierra habrá que esperar por lo menos 300 años.
En materia de salud las enfermedades han ido in crescendo desde el accidente ucraniano, evidenciado en el aumento desmedido del número de cáncer por tiroides por exposición infantil a la radiación de yodo 131 y casos de leucemia por exposición de útero materno y aumento sostenido del cáncer de mama.
Si nosotros nos preguntáramos cuanta gente hay muerto a causa de Chernobyl o de Fukushima hasta ahora nos encontraríamos con cifras muy dispares o estimativas y basadas en datos diferentes. También debemos tener en cuenta que no solamente la gente puede morir a causa de la radiación, pues existen otros factores como el stress, la calidad de los alimentos y el desarraigo de sus hogares, desencadenan miles de enfermedades en forma indirecta que pueden llevar a la muerte.
Cuando aún no se han acallado las voces de la trágica y luctuosa catástrofe de Japón, cuyas dimensiones, daños y consecuencias aún desconocemos y por ende no podemos avizorar un criterio para el futuro, nos encontramos con graves problemas estructurales en el actual sarcófago que recubre el reactor 4 de Chernobyl.
El mismo se ha rajado y contiene grietas de hasta 100 metros y agujeros desde donde está filtrando agua contaminada, la que esta siendo el agente corrosivo de la estructura de hormigón armado actual, en cual se degrada y necesita reparaciones urgentes que deben estar terminadas antes del 2015.
Habíamos expresado en artículos anteriores sobre la peligrosidad de los materiales nucleares y su contaminación y después de Chernobyl volvimos a reafirmar lo antedicho, pues este accidente puso en reto a la humanidad entera.
Los acontecimientos de Japón y en especial de Fukushima me llevaron a repensar en un orden de ideas, que el mundo hoy se encuentra frente a un colapso de supervivencia y avizoramos el “principio del fin de la era nuclear”.
Ya nada es como antes y los países productores de material nuclear como aquellos donde funcionan centrales atómicas deberán repensar sus estrategias frente a estos problemas de contaminación que son erga omnes y perjudican a miles de seres vivientes que habitan en el planeta Tierra.
Si bien Chernobyl fue una lección para toda la humanidad y hubo quienes afirmaron que producto de una falla humana se produjo el desastre, lo cual resulta acertado, en Fukushima no hubo errores del hombre, sino una expresión de la madre naturaleza que son su ímpetu se llevo todo lo que tenia a su paso dejando hambre, destrucción y desolación. Dos accidentes nucleares protagonizados por distintas personas pero con un mismo hilo conductor: la contaminación.
Para el futuro debemos entre todos debemos repensar la energía nuclear como fuente productora, debiendo ver posibilidades de readecuación y/o sustitución por otro tipos de energías que sean menos contaminantes, más seguras y confiables.


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