Proyecto Manos a la costa busca reducir impacto de cambio climático en #Centroamérica y #Panama

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Con el objetivo de concienciar a los principales actores vinculados con la protección ambiental y la conservación de los recursos naturales, diferenter organizaciones han desarrollado una serie de iniciativas para dar a conocer los principales resultados sobre cambio climático en la región.

Uno de los proyectos destacados es el que impulsan hace un año, denominado Manos a la costa, que responde a una realidad que vive Centroamérica, y es que es la región que produce la menor cantidad de gases invernadero, solamente un 0.5 %, pero sufre las serias consecuencias que el calentamiento global produce.

Dicha iniciativa consiste en la definición de una línea para mitigar los efectos en 14 zonas costeras de todo el istmo, la cual se ha trabajado en conjunto con las comunidades y las organizaciones locales, para fortalecer las capacidades de los liderazgos que impulsen las medidas de adaptación o mitigación y así reducir la vulnerabilidad frente a los efectos negativos.

El proyecto ha priorizado las comunidades de Machaquitas Chiclero, Quineles y Quetzalito de Guatemala; Los Cóbanos y Barra de Santiago en El Salvador; Boca de Sábalos, Los Guatuzos, Medio Queso y Mancarroncito en Nicaragua; San Francisco, Tortuguero, Isla Brava y Colorado de Costa Rica, y Gardi Sugdub en Panamá.

Esta iniciativa tiene un razón muy sencilla, pero de mucho peso, y es que el cambio climático es una de las amenazas globales que genera impactos más desiguales en todo el mundo.
Se trata de una de las prioridades en la agenda internacional y Centroamérica surge como una de las mayores injusticias frente al cambio climático, porque es una de las regiones que menor generación de gases produce, pero que se ve afectada en mayor medida. Solamente las pérdidas económicas por tormentas en los últimos años han sido enormes.

Los países desarrollados aportan un 45 % de la emisión de gases de efecto invernadero, con solo un 15 % de la población, todo relacionado con patrones de transporte, infraestructura, servicios y manejo de residuos, de acuerdo con los datos que revela el Estado de la Región.

El Índice de Riesgo Climático ubica a los países de la región en posiciones poco prometedoras; de una lista de 176 países en riesgo, Panamá tiene el puesto más alto de la región, con el 101; Costa Rica, el 61; El Salvador, el 37; Guatemala, el 24; Nicaragua, el 5; y Honduras, el puesto 3.

Los desastres naturales son cada vez mayores y superiores son las pérdidas que se dan, tanto en vidas humanas, cosechas, infraestructura y, por supuesto, los países de la región tienen menores herramientas para reducir los grados de vulnerabilidad.

Las cifras demuestran la posición de riesgo que tiene la mayoría de las naciones de la región centroamericana, y por qué dicho proyecto es tan certero, en un momento en que se pueden implementar medidas de mitigación.

Con este proyecto las comunidades toman conciencia de la necesidad de preservar los ecosistemas, a fin de conservarlos e incrementar el capital natural que sirve como barrera natural contra los efectos del cambio climático y propicia el trabajo comunal e incluyente, en la ejecución de proyectos locales de adaptación o mitigación.

Se ha concluido la primera etapa del proyecto y se cuenta en estos momentos con una línea clara de diagnóstico para la mitigación, por lo que se acerca el proceso de articulación social, que permita tener a las comunidades mucho más informadas y con posibilidades de trabajar en conjunto.

Durante los últimos 25 años, la región ha perdido una tercera parte del área que tenía en humedales, lo que confirma la magnitud del problema, donde se ha dado un proceso de degradación del ecosistema.

Desde 1980 al 2005, el porcentaje de humedales y manglares ha disminuido un 34.8 %, lo que equivale a un territorio de 248.400 hectáreas, lo cual agudiza la situación de la producción agrícola, las sequías y la calidad de los productos que se consumen.

En Centroamérica existe un total de 2 millones de pequeños productores agrícolas que ocupan territorios altamente vulnerables en cultivos como el maíz, frijoles, tubérculos, legumbres, entre otros, que son seriamente vulnerables a las precipitaciones, lo que tiene implicaciones económicas y sociales.

Otro sector que se ve fuertemente amenazado y que es un bastión en la economía centroamericana es el turismo, pues el rico patrimonio natural con que cuenta el istmo ha sido de gran atractivo para los visitantes.

La cantidad de paisajes, culturas y ecosistemas ha duplicado la visita de turistas a toda la región, siendo de gran peso para El Salvador, Panamá y Costa Rica, y con una creciente importancia en el resto de los países.

Hay cosas que se deben comenzar a hacer para mitigar los efectos del cambio climático en la región y no poner en peligro nuestro sistema económico y social, por ejemplo una mejor gestión del territorio, el ordenamiento territorial, especialmente en zonas urbanas, donde vive más del 50 % de la población.

Adicionalmente, recalcó que es necesario invertir en construcción de viviendas pero en terrenos aptos, alejarse de los cauces de los ríos y zonas propensas a inundaciones, así como trabajar en toda la recuperación de cobertura forestal y recuperación de manglares, porque son las esponjas que sirven como escudo protector de las zonas costeras.

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