Ricino y Jatropha, biocombustibles de segunda generacion

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El agotamiento de las reservas petrolíferas y la necesidad de preservar el medio ambiente parecen ser motivos más que suficientes como para afirmar que el biodiesel es una de las alternativas en materia de combustibles del futuro. La camelina, la jatropha, el ricino y el cártamo son los cultivos que complementarán a la soja, la colza y los aceites vegetales en la producción de biodiesel. Se las conoce como “materias primas de segunda generación”. El ricino ( Ricinus communis) y la jatropha ( Jatropha curcas ) pertenecen a la familia de las euforbiáceas. Ambos son cultivos estivales; el ricino se lo cultiva como anual mientras que la jatropha es perenne.

El aceite del ricino se utiliza principalmente en la obtención de lubricantes para motores a explosión en aviones de aeromodelismo y coches de radiocontrol. Sin embargo, el común denominador agroindustrial que en la actualidad ambas especies comparten es el uso de su grano para la obtención de biodiésel.

En secano, los rendimientos en grano para ambos cultivos rara vez superan los 2.000 kg/ha. En el caso particular de la jatropha, por ser un cultivo perenne y de origen tropical, una particular atención debe darse a las bajas temperaturas durante el período invernal, para evitar daños y pérdidas por heladas.

En esta nota se pone a consideración información generada in situ con el fin de ampliar el conocimiento de dos cultivos emergentes destinados a la producción de biocombustibles.

Ricinus communis. En el transcurso de la campaña agrícola primavero-estival apenas transcurrida, se realizó en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (Universidad Nacional de Córdoba) un ensayo comparativo de rendimiento en ricino cultivar Guaraní.

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El cultivo se implantó en siembra directa el 30 de octubre de 2010 en parcelas de seis surcos de cinco metros de longitud separados por 0,5 metro. Se evaluaron tres densidades de siembra: cinco, siete y nueve plantas por metro. Los tratamientos se distribuyeron a campo según un diseño experimental en bloques completamente aleatorios con tres repeticiones.

El material se cosechó el año pasado. A partir de una muestra de dos metros, tomada de los surcos centrales de cada parcela, se midieron o estimaron las siguientes variables: número de cápsulas, peso de las cápsulas, peso de la semilla e índice de cosecha estimado como la relación entre el peso de la semilla y el peso de las cápsulas. Se midió hasta los dos metros de profundidad el agua gravimétrica, tanto a la siembra como a la cosecha (sólo para el tratamiento, nueve plantas por metro).

Durante el tiempo que el cultivo estuvo implantado, se midieron las precipitaciones efectivas. Al dividir el rendimiento estimado por unidad de superficie (kg/ha) por el agua utilizada por parte del cultivo, se obtuvo una estimación de la eficiencia en el uso del agua para producir grano (EUA). La información fue sujeta al correspondiente análisis estadístico.

No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre densidades de siembra para ninguna de las variables analizadas. El rendimiento en grano (seis por ciento de humedad) fluctuó entre 1.707 kg/ha (cinco plantas por metro) y 1.397 kg/ha (siete plantas por metro).

Para el tratamiento de nueve plantas por metro se estimó una EUA de cuatro kilos de grano por hectárea/milímetro. Desde la siembra a la cosecha transcurrieron 237 días, muy por encima de lo que se encuentra en bibliografía para un cultivo de ricino en secano (170 días). Coincidencia en cambio se observó para el rendimiento en grano. Sin embargo, si se comparan estos resultados con los obtenidos en colza, cuyo aceite también se lo utiliza para producir biodiésel, el ricino pierde competitividad en términos de kilos de aceite por hectárea.

Este material fue relocalizado en un sector con mayor insolación, con un importante aporte de compost al momento de ser retrasplantados. Al momento de ingresar en la estación invernal, las plantas habían alcanzado el metro de altura, sin llegar a florecer.

Al finalizar el período de bajas temperaturas se pudo constatar que ninguna de las plantas sobrevivientes del año anterior lograron sobrevivir en esta oportunidad. En síntesis, los inviernos de nuestra región no garantizan la supervivencia del cultivo de jatropha.

Por: Ricardo Maich

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