Si ves una bandera roja en la ventana de tu vecino, no es que se haya vuelto comunista, es que tiene hambre

Dentro de esa casa vive una familia (o una persona) que no un tiene para comer.

Este sistema, importado desde América del Sur, es la forma de pedir ayuda, a los vecinos o a los pocos transeúntes que pasen por delante, camino del trabajo o la compra semanal. Un S.O.S desde la botella en la que una gente sin medios busca hacer llegar algo a su isla.

Por mucho que salgamos disfrazados a la ventana a hacer vermouths y echarnos culinos de sidra no podemos olvidar que millones de vecinos vivían yá en pobreza severa y que un alto porcentaje de la población estaba en el límite la miseria antes de esta pandemia.

Y que sobre todo las trabajadoras que vivían de la economía sumergida han quedado más que nadie en el aire, que quienes ganaban hoy para comer mañana no han podido hacer reservas y las despensas se van agotando…

Mientras tanto, las politicas de ayuda no dejan de ser una promesa futurible que, con suerte y si se gestiona rápido, llegará cuando llevamos meses encerrados y alcanzará poco más que para  los mínimos básicos.

Así que la gente está colgando trapos rojos en las ventanas y quienes los ven llevan comida o avisan en alguna de las muchas redes de solidaridad y páginas de Facebook que se están encargando de estas cosas.

Por suerte los trapos no duran mucho puestos, el pueblo sigue salvando al pueblo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba