Sustentabilidad: Lo que los candidatos debieran tener en cuenta

El desafío para el mundo político es superar la lógica de la promesa efectista, no desatendiendo las tareas urgentes y, a la vez, asumiendo la responsabilidad de hacerse cargo de la “agenda larga”, aquella de “baja rentabilidad electoral de corto plazo”.

Hace unos días, el economista norteamericano Jeffrey Sachs señaló, ante una concurrida audiencia, que “si seguimos un camino hacia el desarrollo sustentable, también seguiremos el camino hacia la felicidad”. Es verdad: en una primera lectura parece ser otro de los tantos eslóganes dulzones a los que nos tienen acostumbrados connotados conferencistas internacionales. Pero por otro lado reafirma, que en todo el mundo se está reclamando un cambio a la mirada de cómo los países y sus ciudadanos prosperan.

El desarrollo sustentable apunta no sólo al resguardo de lo económico sino a que exista un equilibrio también en las dimensiones social y ambiental, en un crecimiento más sano y armonioso. Es decir, no es rentable que una economía avance de manera segura si en su recorrido van quedando cabos sueltos, una naturaleza depredada y una población desencantada. Tomar este camino es, sin duda, una decisión política.

En esa mirada, quienes ponemos foco en el desarrollo sustentable, tenemos algunas peticiones a quienes aspiran a gobernar nuestro pais.

En primer lugar, nos haría muy bien que los programas de gobierno salgan de la mirada exitista de los buenos promedios. En la presentación aludida, el estadounidense destacaba la paradoja de nuestro país: altos indicadores de crecimiento y uno de los más altos niveles de desigualdad del mundo. Panamá lidera en crecimiento de ingresos durante el período 2010-2012 entre los paises del area, mientras el 90% de la población promedia los US$4.800 al año: un nivel material de vida parecido al de países sumidos en el subdesarrollo.

Como consecuencia, esa alta desigualdad contribuye a que se genere también una fuerte desconfianza hacia las organizaciones públicas y privadas en general y también entre los propios ciudadanos de a pie, entre los vecinos, hacia el jefe, al subalterno, hacia el vendedor o el comprador. La confianza importa mucho en la calidad de vida de las personas y entrega el mejor escenario para que también los negocios sean de calidad.

Lo segundo que les pedimos es una mirada integradora. A solo meses de las elecciones, aún cuesta encontrar en las propuestas programáticas de los candidatos una propuesta que integre las tres dimensiones de la sustentabilidad. Pareciera ser que estamos acostumbrados a resolver las problemáticas separando lo social de lo medioambiental, lo económico de lo social; en fin, cuesta entender que muchas veces se trata de escenarios indivisibles.

Por último, en nombre de la sustentabilidad pedimos una autentica participación: que las propuestas hayan sido construidas escuchando las voces de amplios grupos de interés. La política criolla, para ser justos no sólo la nuestra, ha pecado de un paternalismo que no da espacio a escuchar y acoger las opiniones, inquietudes y necesidades de quienes no forman parte de esta élite. Los programas de gobierno suelen responder desde las soluciones sin incorporar la participación de la ciudadanía en su construcción.

Desde nuestro medio, hemos visto cómo el mundo empresarial, muchas veces tras duros tropiezos, ha aprendido o está aprendiendo a dialogar con sus comunidades, cambiando su rol histórico de proveedor de recursos y soluciones, a uno en que da espacio al valor de lo que las propias comunidades tienen para entregar. Y es parte de lo que la ciudadanía está exigiendo: ser visto, ser reconocido, ser respetado y, por supuesto, ser escuchado.

El desafío para el mundo político es superar la lógica de la promesa efectista, no desatendiendo las tareas urgentes y, a la vez, asumiendo la responsabilidad de hacerse cargo de la “agenda larga”, aquella de “baja rentabilidad electoral de corto plazo”, y que requiere de una mayor y mejor participación de los ciudadanos.

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