Terminemos con la energía nuclear antes de que termine con nosotros

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Three Mile Island, Chernobyl, y ahora Fukushima. A la tercera va la vencida. Mucho me equivoco si lo que ha ocurrido en esta ocasión no va a tener un impacto significativo a medio plazo en el uso que se haga en el futuro de la energía, en general, y de la nuclear, en particular. Y no es una perogrullada. Ni Three Mile Island ni Chernobyl sirvieron para que el mundo se replanteara el uso de la energía nuclear.

El pueblo japonés está pagando un precio horrible por el sueño imposible del “Átomo Pacífico”. Durante medio siglo le han dicho que lo que está pasando ahora en Fukushima no pasaría nunca.

Ante todo debemos solidarizarnos con ellos con nuestros corazones y nuestras almas. Como seres humanos, debemos hacer todo lo que podamos por aliviar sus heridas, sus terribles pérdidas y su inimaginable dolor. También estamos obligados –por el bien de todos– a asegurar que esto no vuelva a ocurrir.

Hoy estamos en medio de un desastre sin fin a la vista. Por lo menos cuatro reactores se han incendiado. La empresa ha sacado a todos los trabajadores del lugar, pero ahora pueden estar enviando a algunos de vuelta.

Los trabajadores que lo hacen son incomparablemente valerosos. Nos recuerdan, trágicamente, a unos 800.000 “liquidadores” de Chernóbil. Eran reclutas soviéticos que fueron enviados a esa ruina candente durante 60 o 90 segundos cada uno para realizar rápidamente alguna tarea insignificante y salir corriendo.

Les habían prometido que no tendrían problemas de salud. Pero ahora estaban muriendo en masa.

Nunca sabremos cuántos morirán en Fukushima. Nunca hemos enfrentado la perspectiva de múltiples fusiones nucleares, cuatro o más, cada una con su propio potencial de inmensas emisiones descontroladas.

Si esto sucediera en un solo reactor sería motivo de alarma a escala mundial.

Una de las unidades estaba alimentada con MOX (Combustible nuclear de mezcla de óxidos). Este brebaje MOX se anunció como una innovación semejante al “cambio de espadas por arados”. Tomaron materiales radioactivos de viejas bombas nucleares y los convirtieron en combustible “pacífico”.

Parecía una idea impecable. Los beneficios para la imagen de la industria eran obvios. Pero se les advirtió repetidamente de que esto introduciría plutonio a la cadena de combustión, con una amplia gama de serias repercusiones. Entre ellas estaba que un accidente arrojaría a la atmósfera la sustancia más mortífera jamás conocida. Si se aspira la partícula más ínfima, sin sabor, de plutonio, puede causar un caso letal de cáncer de pulmón.

Pero como en el caso de muchas otras advertencias, la industria ignoró a los críticos de la base. Ahora todos pagamos el precio.

Durante 25 años la industria nuclear nos ha dicho que Chernóbil no era relevante porque era tecnología soviética. Un accidente semejante “no podría suceder aquí”.

Pero hoy se trata de los japoneses. En todo caso, manejan mejor los reactores nucleares que los estadounidenses. Compañías japonesas son dueñas de la división nuclear de Westinghouse, cuyo diseño básico está instalado en toda Francia. Compañías japonesas también son dueñas de la división nuclear de GE. Entre otros, 23 de sus reactores en EE.UU. son extremadamente similares o virtualmente idénticos en su diseño al Fukushima I, que ahora está ardiendo.

Las centrales nucleares se construyen lentamente, aumentan de coste y evidentemente tienen sus propias emisiones, desechos y problemas de seguridad. Los costes suplementarios del carbón y del petróleo aumentan fuera de alcance en términos de impactos medioambientales, sanitarios y otros efectos económicos negativos. El “combustible de transición” del gas también enfrenta barreras cada vez más elevadas, especialmente cuando se trata de fracturamiento hidráulico y otras tecnologías extractivas insostenibles.

La verdadera alternativa que enfrentamos es entre combustibles fósiles y nucleares, que deben ser eliminados, frente a una verdadera mezcla verde de alternativas limpias. Esas tecnologías seguras, sostenibles, ocupan ahora en los hechos la tendencia dominante. Según todos los cálculos serios, la energía solar es demostrablemente más barata, limpia, rápida de construir e infinitamente más segura que la nuclear. La eólica, mareomotriz, térmica oceánica, geotérmica, de biocombustibles sostenibles (NO de maíz o soya), el aumento de la eficiencia, el transporte público resucitado, todos tienen sus diferentes desventajas. Pero como conjunto cuidadosamente diseñado, prometen el suministro equilibrado que necesitamos para llegar a un futuro que pueda ser próspero y apropiado para nuestra supervivencia en este planeta.

Como vemos con perfecta claridad, la tecnología atómica está en guerra con los ecosistemas de la Tierra. Su naturaleza corporativa centralizada, fuertemente capitalizada, coloca al borde del abismo a la propia democracia.

Traducido del inglés por Germán Leyens

[Harvey Wasserman edita el sitio en la web NukeFree.org y es autor de SOLARTOPIA! OUR GREEN-POWERED EARTH.]

Fuente: Buzzflash at Truthout

Fuente: http://www.zcommunications.org/end-nuclear-power-before-it-ends-us-by-harvey-wasserman

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