Cuatro fórmulas para ayudar al planeta

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Por: Andrea Perez. En los departamentos de Berlín del Este durante la era comunista, el aire caliente se escapaba por las paredes agrietadas. La calefacción debía usarse casi todo el tiempo, recargando el trabajo de las plantas de energía y aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero, culpables del calentamiento global.

Ya no. Un programa de renovación urbana por valor de USD 2 700 millones pagó el aislamiento de las paredes, lo que redujo el uso de energía casi a la mitad.

El fondo urbano, también notable por haber convertido desperdicios humanos en biocombustible, ayudó a la capital alemana a reducir las emisiones de dióxido de carbono, responsable del cambio climático, 20% desde 1990, según datos municipales.

De Berlín a Vancouver, las ciudades han creado sendas para bicicletas, hermetizado ventanas y construido plantas de energía más limpias para contrarrestar la amenaza del calentamiento global, obrando más rápidamente que los gobiernos nacionales.

Cuando 189 países enviaron delegados a la ultima reunion para debatir el cambio climático, se escucharon propuestas para reducir las emisiones que atrapan el calor en todo el mundo. “Como ciudades, ya no podemos tolerar esta inacción”, dijo en una entrevista David Cadman, presidente de Local Governments for Sustainability y miembro del Concejo Municipal de Vancouver.

En Berlín, los ingenieros sanitarios usan los fondos del programa quinquenal de renovación urbana para construir una planta que queme metano a partir de desperdicios humanos fermentados. Los excrementos se usarán para crear un gas combustible que libere menos CO2 que el carbón, usado tradicionalmente para hacer electricidad.

Los códigos de edificación de Berlín fueron cambiados para alentar a la población a arreglar sus casas y vivir más apretados en el centro de la ciudad. Se añadieron nuevos tranvías y sendas para bicicletas. Estas medidas llevaron a una reducción de 2,6% de los viajes en auto de 1998 a 2012. Los vehículos de gasolina o diésel son una de las mayores fuentes de emisiones de CO2.

La ciudad apunta a mantener bajo el número de habitantes que poseen auto. Los berlineses tienen 322 autos por cada 1 000 habitantes, cantidad menor que el promedio alemán (500 vehículos por 1 000 personas) y el estadounidense de 725.

En Minneapolis, EE.UU. se construyeron 160 km de sendas para bicicletas en los últimos años, por lo que los ciclistas usan este medio de transporte aun cuando los caminos están cubiertos de nieve, según el cibersitio de la Municipalidad en Internet. La ciudad alienta a los urbanizadores a construir más viviendas en el centro para poner fin a la necesidad de hacer largos viajes diarios desde y a los suburbios, señala su alcalde, R.T. Rybak.

“Debemos rediseñar la ciudad y hacerla más compacta”. Aún así, duda que la suma de reducciones en las ciudades baste para frenar el calentamiento global. Los grandes cambios necesarios, desde el aislamiento de los edificios a la instalación de turbinas eólicas, no contaminantes, para la generación de energía, deben venir en última instancia de los gobiernos nacionales porque estos tienen muchos más recursos, explicó.

Entre aislantes y bicicletas

Toronto, la mayor ciudad del Canadá, con cerca de 5 millones de habitantes, colocó paneles dobles en las ventanas y aisló muchas de sus torres de oficinas construidas en los años sesenta, explicó en una entrevista el alcalde David Miller.

Una vez completado, el proyecto reducirá 5% las emisiones, aseveró Miller. Estados Unidos tiene otro ejemplo: los viajes en bicicleta en Nueva York han aumentado 35% anual, según un comunicado del 30 de octubre del Departamento de Transporte de la Municipalidad.

La ampliación de la red de sendas para bicicletas y el aumento del precio de la gasolina común  han ayudado.

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