Ecología transformadora

Por: Javier López Osorio

¿Qué es ecologia?. Para abordar el concepto de ecología debemos entender que es una disciplina científica y cuyo objeto de estudio es la relación triangular entre los individuos de una especie, la relación que guarda con otras especies, y su medio ambiente.

Para darle una connotación más “social” se ha desarrollado una corriente de pensamiento que se conoce como ecología política; pensamiento político que atiende las maneras en que nos relacionamos con nuestro entorno (producción y consumo), de qué forma lo modificamos con nuestro accionar, para entender los efectos de nuestros comportamientos y prácticas. Que nos permita orientarnos hacia el modelo desarrollo que deseamos, en función de la evolución de las ideas y los valores que se dan en el debate público y democrático.

Entrando a escena los distintos grados de desequilibrios ecológicos generados por la actividad humana, que ahora percibimos, en marchas forzadas hacia una supuesta modernidad. Modernidad cuestionada que no ha logrado instaurar un régimen de condiciones materiales de sustento, tanto planetario como local, donde la vida y mejores condiciones de existencia de las personas sea el eje del desarrollo.

La ecología así entendida aparece como una disciplina de la crítica y de la acción política, proponiendo una visión global de la sociedad, de su futuro, de las relaciones entre seres humanos, de las relaciones entre éstos y su entorno natural y de las actividades productivas humanas. Debiendo quedar claro que la ecología política no queda como la parte medioambiental de un programa político, más bien encierra una concepción transformadora de aquellas relaciones, estableciendo juicios de valor que involucran la igualdad, la solidaridad, la sustentabilidad, la democracia y la justicia social, tanto a nivel local como mundial.

No se puede hoy pensar un modelo de desarrollo que no tome en cuenta estas diferentes facetas. Ellas permean la propia viabilidad de la vida a largo plazo y en beneficio de las generaciones futuras. Es la distribución y no la escasez el problema fundamental que permita la sustentabilidad solidaria de la vida. Es la igualdad en el acceso a las riquezas naturales lo que posibilita el bienestar colectivo y potencia los principios de justicia y libertad.

Por lo tanto, la ecología política propone un abanico completo de ideas y actuaciones, siempre tomando en cuenta las relaciones íntimas que unen los ecosistemas con las organizaciones sociales; humanas. Es la conciencia del pervivir humano, contigua, próximo lo que alienta su posicionamiento político ante la barbarie catastrófica del porvenir privatizado, enajenado, conculcado y antidemocrático.

O como diría Enrique Leff: “La ecología política en germen abre una pregunta sobre la mutación más reciente de la condición existencial del hombre… la ecología política viene a interrogar la condición del ser en el vacío de sentido y la falta de referentes generada por el dominio de lo virtual sobre lo real y lo simbólico. A la ecología política le conciernen no sólo los conflictos de distribución ecológica, sino el explorar con nueva luz las relaciones de poder que se entretejen entre los mundos de vida de las personas y el mundo globalizado”.

Así esta visión transformadora de la ecología choca con las propias bases de los sistemas socio-económicos productivistas, despilfarradores, concentradores de la riqueza e injustos que actualmente prevalecen. Y propone, en consecuencia, un cambio radical de rumbo lo que le confiere, a largo plazo, una dimensión profundamente transformadora y revolucionaria.

La ecología política plantea la necesaria acción conjunta de los movimientos sociales y políticos, y promueve la acción tanto dentro como fuera de las instituciones, tomando en cuenta la fértil interacción continua de la sociedad civil con lo político. Un imaginario colectivo que sobrelleva una dispersión de visiones y previsiones sobre la existencia humana y su relación con la naturaleza, pero por ningún motivo en torno al individualismo, el derecho privado, el libre mercado, la oferta y la demanda, pilares del neoliberalismo que nos aqueja.

No podemos claudicar ante lo evidente, de encontrarnos desoladamente solos ante la vorágine comercializadora (basada en una racionalidad económica) de nuestro devenir. Debemos anteponer una ética de la vida a los intereses de ese poder; un imaginario colectivo que reconduzca sus acciones hacia la sustentabi¬lidad; señalando lo institucionalmente incorrecto, que se aprovecha del conocimiento fragmentado y segmentado que todos tenemos en el ámbito muy local o muy global y de la aplastante cotidianidad que nos absorbe. Instituciones abocadas a simular la aplicación de políticas públicas que beneficien nuestro entorno socioambiental, con cosméticas acciones y mediáticas declaraciones, mientras el deterioro ambiental, la pobreza y la marginación avanzan inexorablemente; las tierras, los bosques, el agua, el espacio urbano (y sus repercusiones en la calidad de vida de sus habitantes) son un ejemplo lacerante que merece una pronta e inteligente gestión socioambiental.

Demandemos ya a las instancias gubernamentales estatales un informe de sus actividades para constatar el grave daño medioambiental, que por omisión, vienen provocando. No olvidemos que poco, muy poco se puede hacer para lograr un desarrollo integral de nuestro estado si dejamos de lado estas cuestiones vitales. Estamos despilfarrando nuestro futuro.

Quiero terminar con la predestinación que Leff nos obsequia, al considerar que “la conciencia de la crisis ambiental se funda en la relación del ser con el límite, en el enfrentamiento del todo objetivado del ente con la nada que alimenta el advenimiento del ser, en la interconexión de lo real, lo imaginario y lo simbólico que oblitera al sujeto, que abre el agujero de donde emerge la existencia humana, el ser y su relación con el saber”.

1 comentario en “Ecología transformadora”

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