Los dibujos animados: ¿ayudan a conservar la vida en la Tierra?

Algunos científicos le hacen ascos a la idea de que dibujos animados de animales antropomormos –desde Bambi a Simba pasando por Nemo– puedan contribuir a la conservación de especies en el mundo real. Sin embargo, un nuevo artículo de Tropical Conservation Science considera que los conservacionistas bien podrían unir sus fuerzas a los mercados que producen los éxitos de taquilla de animación para ayudar a salvar la menguante biodiversidad del mundo. El artículo da cuenta de una serie de películas recientes situadas en lugares en peligro, por ejemplo los arrecifes de coral (Buscando a Nemo) y el Bosque Atlántico (Rio), al igual que tratan de problemas tales como la sobrepesca (Happy Feet) y el cambio climático (Ice Age 2: el deshielo).

El concepto de películas de animación de tema conservacionista, ecológico o medioambiental en general no es nuevo: se remonta a los años 40 del siglo pasado, cuando vio la luz Bambi de Walt Disney, y también tiene precedentes en la histórica proyección de FernGully: las aventuras de Zak y Crysta en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, que se convirtió en un símbolo del movimiento ecologista.

Aun así, los autores se lamentan de que pocos grupos conservacionistas hayan utilizado estas películas tan populares para educar al público sobre la crisis de la biodiversidad global. Estas cintas, afirman, causan en el público un efecto memorable enorme, algo que la ciencia nunca podría emular.

El uso de conocidas especies, muchas de ellas amenazadas, como caracteres de animación, es una poderosa herramienta que promueve emociones positivas acerca del medioambiente a nivel local. En algunos casos, esto se puede traducir en una toma de conciencia ecológica colectiva sobre especies particulares y sobre la necesidad de su conservación. Muchos de estos individuos no tienen contacto con los problemas de la biodiversidad y conservación o tan solo poseen un conocimiento superficial.

Las críticas vertidas sobre las películas de animación por parte de la comunidad científica y conservacionista tienen su punto de verdad: descripciones incorrectas de especies y hábitats, simplificación de los problemas que conlleva la conservación, y a veces incluso la promoción involuntaria de actividades potencialmente dañinas, como el tráfico de mascotas. En algunos casos, los autores escriben, el interés reside principalmete en los personajes en sí mismos y no en los mensajes conservacionistas implícitos. Esto, irónicamente, amenaza a las especies representadas (por ejemplo, el tráfico de buhos en la India, asociado a las películas de Harry Potter) y anula cualquier mensaje conservacionista contenido en estas películas (por ejemplo, el incremento de la demanda de peces payaso tras el éxito de Buscando a Nemo).»

Así y todo, a pesar de los puntos negativos, las películas de animación llegan a millones de personas de todo el mundo, y a menudo ofrecen un mensaje medioambiental, a veces de forma implícita, otras veces de forma explícita. Transmitir la información científica de manera precisa es fundamental en un contexto académico; para un narrador de historias, en cambio, lo más importante es conectar con su audiencia emocionalmente. A fin de cuentas, es probable que ese último método sea más eficaz que la presentación de datos empíricos a la hora de ganar el apoyo del público.

Se recomienda que los grupos conservacionistas trabajen conjuntamente con los responsables de las películas de animación para aumentar así las ayudas y la toma de conciencia sobre los problemas de la biodiversidad, mediante la inclusión de información verídica en las narrativas.

Está claro que las ONG’s dedicadas a la conservación harían bien en asociarse con estudios de animación y con empresarios locales, por ejemplo los distribuidores de las películas, así como con agencias gubernamentales y colegios. El objeto de esta asociación sería desarrollar programas efectivos de alcance comunitario que combinen el contenido de las animaciones con la ciencia de la conservación. Los problemas de la conservación y la biodiversidad, incluyendo aquellas especies menos carismáticas que aparecen en algún momento de la trama, deberían ser claramente interpretados y explicados. Una vez hecho esto, las películas deberían estar disponibles en bibliotecas, instituciones educativas y comunidades locales”. A la vez, los investigadores proponen el uso de materiales suplementarios –panfletos, documentales, planificación de clases– y actividades como talleres y seminarios.

Por: Jeremy Hance

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