Juguetes, niños y ecologia

Pistolas, bombas, juguetes con ruido, comprar cosas y cosas, amontonando en las casas hasta el punto que los propios papás protestan de que no hay espacio libre, dar rienda suelta al gusto de los niños en cada momento o más que gusto a sus “antojos”, juegos con la consola donde unos asesinan a otros y cosas por el estilo son el pan nuestro de cada día en los juguetes con que nuestros niños se distraen. Son maneras que no solamente no educan para la paz, sino que no colaboran con el desarrollo del medio ambiente.

No tiene mucho que ver con la defensa del desarrollo sostenible. Casi todos coinciden en valorar aquella que lo plantea como el “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”.

No tiene mucho que ver tampoco con la creatividad y energía que tienen los niños para ir desarrollando cosas nuevas desde su propia imaginación. No cabe duda que, así como vamos en fase de ir eliminando las bolsas de plástico de nuestras compras en los supermercados, también habrá que seguir el mismo proceso en los juguetes. ¿Para qué tanto plástico en los juguetes infantiles? De hecho ya hay proyectos en marcha y cuajándose en la realidad donde los juguetes que hasta ahora necesitaban ser recargados con pilas, ahora lo pueden hacer con la propia energía infantil mientras juegan, se mueven, corren y manipulan el objeto.

Si potenciamos lo de investigación mas desarrollo y nuevas tecnologías, ¿por qué no ir aplicando esta sensibilidad a los juguetes de tal manera que los niños sepan que vienen de material reciclado por un lado, y que también, al romperse, pueden ser reciclados en otros objetos? ¿por qué no educar en la propia técnica del reciclado desde las escuelas infantiles? Otro mundo diferente seguro que iría cuajándose en las generaciones que nos sucederán. Y dejaríamos también como cosa del pasado que nuestras casas se conviertan en almacenes de juguetes que ya no se usan pero a los que se les tiene afecto, a pesar de que han alimentado el consumo excesivo y dislocado.

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