
La principal función de un producto ecológico elaborado en cualquier material es que se pueda utilizar varias veces. Si un producto se compra y se desecha al momento, deja de ser ecológico.
El no asumir un consumo responsable por parte de cada persona, contribuye a que cada año se acumulen millones de toneladas de desperdicios plásticos, entre ellos las bolsas de este material. La mayor de éstos son arrastrados por las corrientes oceánicas y hay evidencias que demuestran su acumulación en isla de basura flotante en un área del Pacífico Norte que llega a tener el tamaño de la Península Ibérica, y que la mayoría de los desechos se acumulan hacia el fondo del mar. Peor aún, los peces asumen que el plástico es un alimento y terminan ingiriendo y contaminándose.
¿Qué podemos hacer? Reutilicemos, es decir, no tiremos las cosas cuando todavía son útiles; Llevar sus propias bolsas ecológicas elaboradas en tela o material biodegradable o reciclado a la hora de realizar sus compras; Evitar botar basura y bolsas plásticas en las playas; Preferir empaques reciclados; Evitar incinerar las bolsas y basura plástica porque origina emisiones de dióxido de carbón que aceleran el cambio climático y favorece la aparición de otros contaminantes atmosféricos también peligrosos para la salud y el medio ambiente; Reutilizar las bolsas plásticas y algunos envases y artefactos plásticos, preferiblemente vacíos y sin resto de residuos orgánicos en su interior.
Modificar nuestros patrones de consumo; Exigir a las empresas que ofrezcan productos amigables con el ambiente con pocos empaques y embalajes; Propiciar el desarrollo de nuevas tecnologías y emprendimientos para contar con bolsas ecológicas; De parte de los gobiernos, se podrían crear incentivos fiscales que estimulen el diseño de productos ecológicos.



















