
Su nombre proviene de las palabras inglesas ‘free’ (‘gratis’) y ‘vegan’ (‘vegano’). El ‘freeganismo’ es un estilo de vida anticonsumista que basa sus principios en una participación limitada en la economía convencional y en un mínimo consumo de recursos.
Esta nueva forma de activismo surgió a mediados de los noventa, como consecuencia natural de los movimientos antiglobalización y ecologista. Todos ellos comparten la búsqueda de una alternativa ética a la excesiva dependencia de los productos de consumo, creados en muchas ocasiones sin tener en cuenta su impacto en nuestras necesidades físicas y emocionales. Recuperar los alimentos desechados por los restaurantes y supermercados es la marca más visible del freeganismo, el culmen de su postura política.
No obstante, este modo de vida no sólo se refiere a la comida. El reciclado de bicicletas, ropa o muebles también constituye un desafío al control que las grandes corporaciones tienen sobre nuestro día a día. El transporte ecológico, el movimiento okupa y la ‘recolección urbana’ en otros establecimientos, como hoteles u oficinas, forman parte de sus señas de identidad. Hay que dejar claro que la motivación de los freeganos no reside en el abastecimiento gratuito de una serie de productos, sino en la oposición al despilfarro impuesto por el capitalismo.
La ideología de los desechos
El freeganismo aparece como una actitud de desobediencia ante el acelerado ritmo de consumo impuesto por el sistema capitalista. El gasto excesivo supone un impacto ecológico y humano irreparable que se materializa en el desgaste de fuentes de energía no renovables, el abuso de especies animales e incluso la violación de los derechos de aquellas personas que trabajan en condiciones infrahumanas. Para paliar estos efectos negativos, los freeganos rechazan pagar por lo que consumen. Así es como aúnan la conciencia ecológica con la condena de la sobreabundancia.
El movimiento ha alcanzado popularidad por su actitud ante el consumo de alimentos. Los freeganos se congregan en la puerta de los supermercados, alrededor de las bolsas de basura. En ellas encuentran alimentos de todo tipo en buen estado: las grandes superficies tiran barras de pan que no han vendido durante la jornada, las verduras y frutas se mantienen limpias porque suelen venir empaquetadas, otros alimentos como la pasta o el arroz son rechazados por motivos ajenos a su estado, como por ejemplo, tener el envoltorio roto.
Situaciones como esta constituyen un escándalo, sobre todo si tenemos en cuenta las cifras aportadas por la Unión Europea. Según las últimas estadísticas, 79 millones de personas viven en Europa por debajo del umbral de la pobreza.
A vueltas con la caducidad
Uno de los temas más criticados por los freeganos es la caducidad de los productos. El movimiento culpabiliza a los grandes comercios de aplicar unas fechas de caducidad que no se ajustan a la realidad y que provocan que los alimentos sean rechazados antes de lo necesario. Denuncian que muchos supermercados tiran los productos cuando les llegan otros más frescos o, simplemente, cuando se quedan sin espacio en sus estanterías.
El Parlamento Europeo se ha sumado a esta crítica y debate la posibilidad de modificar la normativa que regula las fechas de caducidad de algunos alimentos para alargar su vida útil. Una de las voces más comprometidas, Crista Klass, del Partido Popular Europeo (PPE), defiende que se añada una referencia para facilitar al consumidor la posibilidad de devolver los productos para un posterior uso.
Cada año se malgastan en Europa cerca de 89 millones de toneladas de productos que todavía son aptos para el consumo. Una mejor distribución del excedente de alimentos que acaba en vertederos podría ayudar a los más necesitados, un grupo que, como ya hemos señalado, continúa en aumento. De tomar medidas en este sentido, las altas instituciones políticas reinterpretarían la filosofía de los freeganos.
Sea como fuera, el freeganismo no para de ganar adeptos. La actualidad de sus exigencias, aún más radicalizadas desde la aparición de los últimos movimientos globales de protesta, lo convierten en un claro ejemplo de concienciación política basada en la cooperación.
¿Qué es un freegan?



















