La tecnología envenena al mundo

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Por: Natalia P. Otero. Gran cantidad de productos electrónicos son desechados al año en los países más desarrollados. Algunos de ellos son reciclados, pero muchos otros acaban en vertederos en países en vía de desarrollo poniendo en peligro el medio ambiente y la salud.

Las tecnologías pronto quedan obsoletas, los móviles, con su política de avance imparable, son cambiados por sus usuarios al menos, una vez al año, los portátiles tienen una vida efectiva de aproximadamente 2 o 3 años… ¿qué pasa con todos estos recursos una vez que dejan de ser utilizados?

Los aparatos indispensables en el desarrollo actual de la vida cotidiana están compuestos, como Greenpeace y la EPA (Eviroment Protection Agency, Agencia de protección medioambiental de EE.UU) explican, por una compleja amalgama de centenares de materiales.

Como la propia ONG verde comenta, un móvil puede estar fabricado de 500 a 1,000 materiales diferentes, entre los que se encuentran metales pesados como el plomo, mercurio, cadmio, también con sustancias químicas y plásticos PVC, toda una bomba contaminante y peligrosa.

El mercurio conocido como el veneno silencioso puede provocar a los trabajadores expuestos a él de manera continua, trastornos del sistema nervioso, daño a funciones del cerebro, renales, reacciones alérgicas o problemas en el sistema reproductor.

Según Greenpeace, el contacto de niños con el plomo puede causar complicaciones en el desarrollo intelectual, y en los adultos, resulta negativo para el sistema sanguíneo, nervioso y reproductor.

El PVC al ser incinerado desprende toxinas y furanos, altamente contaminantes y resistentes en la atmósfera.

Sólo en Europa cada consumidor genera 16 kilos al año de estos productos, lo que supone seis toneladas de desperdicios huérfanos de la sociedad avanzada.

El consumo masivo de este tipo de aparatos sobrepasa en ocasiones la capacidad para tratarlos cuando ya no son necesarios.

Desde las potencias más desarrolladas se trasladan, escandalosamente, desorbitadas cantidades de desechos electrónicos a países que tienen políticas medioambientales más débiles y permisivas, y donde los derechos y seguridad de los trabajadores son una tarea pendiente.

Según Greenpeace, la EPA de Estados Unidos, en 2000, cuantificó más de 4,6 millones de toneladas de estos productos que acabaron en los vertederos estadounidenses.

Sin embargo, parece mucho más barato el envío de esta “basura electrónica” a países en desarrollo que su correcta eliminación en el lugar de origen.

Se trata de una realidad incómoda con nefastos efectos sobre el medioambiente y sobre todo, catastróficos para la salud.

El programa de reportajes “60 Minutes” de la cadena americana CBS pretendió mostrar esta situación, para ello se desplazaron a Guiyu en China, un pueblo convertido en vertedero, y cuando se disponían a captar imágenes de un depósito fueron agredidos por los trabajadores del lugar.

A pesar de que esta exportación es ilegal, hoy en día es la práctica más extendida. En África Occidental se pueden encontrar, amontonados, ordenadores de empresas europeas o incluso de organismos oficiales de diferentes países.

El envío de esta basura a países en vías de desarrollo es ilegal para aquellos países suscritos al acuerdo de Basilea, por lo que Estados Unidos se queda fuera de esta legislación. Greenpeace estima que entre el 50% y el 80% de los que se recogen para reciclar en los estados norteamericanos acaban en algún lugar de Extremo Oriente o África.

Otro aspecto a tener en cuenta es la gran proliferación del trabajo infantil en estas sociedades, por lo que, en muchas ocasiones no es complicado ver a niños de corta edad caminando entre amasijos de chips, cables y carcasas rotas.

Los daños que puede sufrir un infante expuesto a estos materiales van desde atrofia del crecimiento, jaquecas crónicas, problemas respiratorios, dificultades de aprendizaje y graves problemas de audición, entre muchos otros.

En Europa, el parlamento europeo llegó a un acuerdo por el cual los estados miembros deben obligar a las empresas a hacerse cargo de los costes de recogida, y reciclaje de los desechos electrónicos.

También prohibió a los consumidores tirar estos objetos a la basura convencional, siendo necesario su depósito en puntos especiales.

Según una clasificación elaborado por Greenpeace, Nokia se encuentra a la cabeza de las empresas que mejor gestionan sus desechos, mientras que Nintendo ocupa el último lugar por concebir sus productos con elementos peligrosos que dificultan su posterior procesado.

Su reciclado, aunque puede resultar más positivo que su quema, debe ser realizado bajo condiciones de seguridad determinadas. Estas condiciones no se cumplen en aquellos vertederos no regulados en los citados países, en los que trabajadores descalzos recogen y separan los distintos componentes de esta basura, con las manos desnudas.

La solución no es fácil, estos desperdicios, que suponen alrededor del 5% de toda la basura, mueven cantidades nada despreciables de dinero entre las naciones más adelantadas.

El primer paso, según Greenpeace, sería conseguir que los fabricantes dejasen de utilizar sustancias químicas peligrosas, y que fueran ellos mismos quienes se hicieran cargo del posterior tratado de sus productos.

En Europa las leyes han tomado el buen camino, ahora es necesario su estricto cumplimiento, pues un ordenador que contribuye a una efectiva vida moderna, una vez desterrado, maltrata al medio ambiente, y lo peor de todo, sume a otros semejantes en un peligroso atraso, el que afecta a su salud y dignidad.

4 comentarios en “La tecnología envenena al mundo”

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