Panamá y su triste politica hacia los autos ecológicos

Por: Jesús Hurtado. Electricidad, gas, hidrógeno, etanol, energía solar, carburante destilado de desechos sólidos, vapor de agua… La lista de fuentes de energías alternativas al petróleo es extensa, como extensa es la cantidad de millones de dólares invertida en la búsqueda de una solución que, al menos de momento, parece aún lejana.

Pese a ello, la industria no desmaya y mantiene buena parte de sus estrategias enfocadas en conseguir el combustible ideal que, a la par de apoyar el ahorro energético y contribuir a mejorar la golpeada salud ambiental, permita mantener sin mayores alteraciones la rentabilidad del sector.

Bajo esta premisa, las diferentes empresas del sector vienen gestionando sus propios adelantos y es posible vislumbrar tres tendencias básicas: la híbrida, propulsada por los tres grandes bloques de fabricantes (Europa, Estados Unidos y Asia); la electricidad, dominada por marcas europeas y del lejano oriente; y la biocombustión, una alternativa propulsada desde Brasil y Estados Unidos.
Lo mejor de dos mundos

Centrada en la conjunción de electricidad y gasolina convencional, la tecnología híbrida es según los expertos la solución a más corto plazo para el problema de ahorro energético. De allí que la mayoría de las automotrices hayan centrado sus esfuerzos en esta dirección, con la producción masiva de modelos basados en esta técnica.

Basada en la utilización de uno o varios motores eléctricos acoplado a otro de combustión interna tradicional, la tecnología híbrida ha calado básicamente en los mercados de países desarrollados, donde el alto costo de los modelos se ve compensado con el ahorro a largo plazo por la menor utilización de combustibles fósiles.

De hecho, cerca de 90% de los autos lanzados en el pasado Salón del Automóvil de Frankfurt, el más importante del Viejo Continente, fueron vehículos movilizados por tecnología híbrida o eléctrica, lo que marca una tendencia que no parece revertirse en el futuro inmediato.

Algo más que iluminación.

La electricidad es otra de las alternativas que viene ganando adeptos en todo el mundo. Con cero emisiones de gases nocivos para la atmósfera, en apariencia los autos eléctricos se presentan como la auténtica alternativa verde para la humanidad, lo que ha llevado a muchos expertos a asegurar que los vehículos híbridos son el paso previo para la instauración de la hegemonía eléctrica.
Muestras de viabilidad sobran: desde vehículos de carga y para el transporte de pasajero hasta pequeños autos de uso en ciudad, pasando por motocicletas y hasta súper deportivos componen un catálogo cada vez más numeroso, menos amplio de lo que se quisiera por el alto costo de estas unidades.
No obstante, el alto costo no es el único obstáculo que debe enfrentar el auto eléctrico. Para los ambientalistas, si bien este tipo de vehículos es amigable con el planeta, la forma de obtener la energía que los moviliza no lo es tanto, en especial en los países europeos y asiáticos, donde buena parte de la electricidad es de origen térmico o nuclear, formas de producción nada saludables para la atmósfera.

De Brasil para el mundo

Es aquí donde el ejemplo brasileño sale a colación. Con una producción que supera los 2,7 millones de unidades al año, 100% de los vehículos que se producen en ese país incluyen motores Flex, propulsores capaces de funcionar 100% con alcohol de caña, un combustible económico, ecológico y cuya producción primaria contribuye a absorber parte del monóxido de carbono emanado de la combustión vehicular.
Se trata de una tecnología que aunque originaria de Estados Unidos, fue acogida como política de Estados por los brasileños hace más de tres décadas, y que ha permitido a ese país a reducir considerablemente la emisión de gases de efecto invernadero, además de ahorrar 16% del petróleo que antes era utilizado para la movilidad vehicular.

Pese a sus bondades, no son pocas las voces en contra de esta tecnología, que según muchos expertos no ha podido sobrepasar las fronteras brasileñas para convertirse en una alternativa viable en otras partes del mundo.

El camino de Panamá
Alejada de todas estas opciones que implican alta tecnología, Panamá transita la vía más lenta al dirigir su estrategia hacia el petroleo, un recurso contaminante y causante de gases de efecto invernadero.

Como política de Estado no se vislumbra ninguna , la meta de hacer que la población incluso conozca las ventajas del coche ecologico es casi un secreto o un tema que ni siquiera está en la agenda politica nacional.

Por otra parte, las posibilidades de que la industria nacional siga los pasos de los grandes fabricantes luce lejana, tomando en cuenta que la política sectorial solo contempla la utilización de petroleo como alternativa.

No hay una estrategia para la introducción de energías alternativas y no vislumbramos posibilidades en el futuro cercano, especialmente porque eso depende de una política de Estado que no está prevista.

Ello significa que mientras otros países avanzan hacia la consolidación de una industria automotriz preocupada por utilizar fuentes energéticas alternativas, Panamá seguirá transitando el viejo camino de los combustibles fósiles como motor de su sector transporte.

1 BMW i8 Concept
Concepto que engloba los eléctricos de la casa alemana, el i8 es un turismo híbrido de autonomía extendida que puede andar 35 kilómetros sin emitir un solo gramos de CO2. Combinado con el propulsor a gasolina de 1,5 litros entrega hasta 260 caballos de potencia y alcanzar velocidades de 250 km/h. Su estilo futurista se basa en una carrocería de plástico reforzado y fibra de carbono.

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2 Nissan Leaf
Nissan ha logrado vencer el alto costo y bajo rendimiento de las baterías convencionales para dar vida al Leaf, un hatchback con un motor de 107 caballos de corriente alterna gracias a una batería de ion de Litio que le proporciona autonomía suficiente para recorren de 160 kilómetros con una sola carga y superar los 145 Km/h.

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3 Audi R8 e−tron
El más deportivo de los autos eléctricos de Audi incluye cuatro motores − dos para cada eje− que desarrollan 313 caballos de potencia, alimentados por una batería recargable de iones de litio de 53 kw/h que se carga por completo entre 6 y 8 horas en una toma convencional, y en 2,5 horas en una toma de alto voltaje. La batería también se recarga con la energía proporcionada por las frenadas del propio vehículo, lo que le ofrece una autonomía de 250 kilómetros.

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4 Mercedes−Benz F 125! Concept
Lujoso sedán cuya estructura es de compuestos hidrogenados 100% degradables, está recubierto por una mixtura de fibra de plástico reciclado, fibra de carbono, aluminio y acero. Incorpora motor F−Cell eléctrico capaz de entregar hasta 313 caballos de potencia. Libre de emisiones contaminantes, el 125! puede recorrer 1.000 kilómetros sin necesitar recargar sus baterías.

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5 Honda FCX Clarity
El carro de hidrógeno Honda cuenta con un motor eléctrico de 136 caballos de fuerza que alimentado por una pila de combustible que utiliza hidrógeno almacenado en estado líquido en un depósito presurizado. Su velocidad máxima es de 160 km/h y su autonomía es de 460 kilómetros. Lo más impresionante es que recarga su batería entre tres y cuatro minutos.

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6 Renault Zoe
La evolución eléctrica del Clio incluye motor eléctrico de 60 kW equivalente a 80 caballos. Este propulsor, que se alimenta de una batería de ion−litio recargable en un período de entre 6 y 8 horas, permite al Zoe alcanzar una velocidad máxima de 135 kilómetros por hora. Además, presenta una autonomía de 160 kilómetros.

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7 Chevrolet Volt
Espacioso y elegante, este familiar equipa un motor a gasolina de cuatro cilindros y 1.4 litros de capacidad asociado a otro eléctrico de 151 kilovatios que en conjunto aportan 150 caballos de potencia, suficiente para alcanzar velocidad máxima de 160 kilómetros por hora. Utiliza un generador eléctrico para cargar su batería y hacer que funcione en modo eléctrico el mayor tiempo posible.

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