Sé el cambio que quieras ver en el mundo

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Por: Alicia Miranda de Parducci. Sintomáticas manifestaciones masivas en varios países del mundo demuestran inconformidad e indignación y demandan un cambio global, a los que tienen el poder de decidir sobre las políticas financieras y gubernamentales que rigen en la actualidad.

No siempre nos preguntamos si la dirección que lleva el mundo de la postmodernidad es la correcta, si hay otras opciones mejores y por qué no se las toma para terminar con el hambre, la pobreza, la insalubridad y la ignorancia.

Las protestas así como las revoluciones conducen a innovar las sociedades, pero estos cambios suelen ser estructurales o ideológicos y al transcurrir del tiempo la insatisfacción vuelve a manifestarse. ¿Por qué?

Porque el verdadero cambio se da desde el interior de las personas que hacen que las estructuras renovadas funcionen a favor de la humanidad. Como decía Gandhi: “Sé el cambio que quieras ver en el mundo”.

Si queremos cambiar la cultura consumista por una solidaria tenemos que aprender a valorar menos las cosas, los bienes materiales y las posesiones y más el bienestar de nuestros hermanos. Vivir en la convicción que no valemos más por lo que tenemos sino por lo que somos.

Si protestamos justamente porque queremos vivir en un entorno seguro y pacífico, trabajemos fuertemente por nuestra paz interna, que es el tesoro que nadie nos puede quitar y el fundamento de una sociedad pacífica. Para obtenerla es preciso abandonar la mentira y la manipulación que son enemigas de la paz, que es hermana de la verdad.

Si rechazamos la violencia, el odio, las amenazas, los abusos revisemos nuestros actos, palabras, sentimientos y busquemos ante todo la armonía, el diálogo, el perdón, la comprensión, paciencia y justicia con todos. No demos paso en nuestro corazón a ningún deseo de venganza que corroe e impide amar libremente y no disfracemos de justicia al rencor o a la envidia.

Si exigimos políticas ambientales para cuidar el planeta empecemos por adquirir una conciencia ecológica que desarrolle en nosotros conductas efectivas para la preservación del mismo.

Se señalan y comentan los grandes casos de corrupción, pero muchos admiten como normales las coimas para evitar una sanción y otras pequeñas trampas que constituyen mal ejemplo y fomentan la deshonestidad.

Padres y madres de familia, educadores, dueños de empresas, jefes y todos los que ejercen poder e influencia sobre otras personas tienen el deber de motivarlos a ser mejores básicamente con su ejemplo, siendo éticamente auténticos para poder exigir honestidad, responsabilidad y compañerismo.

Está muy bien indignarse por tanta injusticia, maldad y carencias de nuestra sociedad, no podemos ser indiferentes ni cruzarnos de brazos, hay que ayudar, ser solidarios, buscar soluciones urgentes para esas realidades que causan dolor y desgracia. Pero no es suficiente mientras no demos el giro necesario adoptando los valores, principios y actitudes que propician las reformas que soñamos y necesitamos.

Las transformaciones profundas están en el corazón y la mente que rigen el comportamiento de cada uno.

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