Te preocupa el cambio climático… ¿qué hacer?

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Conocer, reducir y compensar nuestras emisiones: las claves para mitigar el calentamiento global.

Estamos concienciados, nos preocupa el medio ambiente e introducimos entre nuestros hábitos algunas pautas para la conservación del Planeta como el reciclado y el ahorro de energía en casa, porque creemos que el calentamiento global es reversible. Estas son las conclusiones de un estudio realizado por la Fundación BBVA. Numerosos informes han documentado una concienciación creciente.

Pero el estilo de vida actual, sobre todo el uso intensivo del coche, actúa de freno para que esa sensibilidad ecológica se traduzca en acción y, con ello, reducir nuestras emisiones de CO2, uno de los principales causantes del cambio climático. “El individuo se enfrenta al reto de trasladar la conciencia medio ambiental a conducta, superando la resistencia a sacrificar alguna de las mejoras que el actual modelo de desarrollo ha aportado a nuestra calidad de vida”, apunta el estudio.

La mayoría de los encuestados para el informe está de acuerdo, sin embargo, en que el calentamiento global es reversible (55 por ciento), pero hay que hacer algo ahora. El mensaje de la necesidad de frenar el calentamiento global ha calado. Casi cada día desayunamos con nuevas noticias sobre los efectos negativos de este fenómeno: desde el deshielo del ártico hasta las sequías en Estados Unidos. Pero, ¿qué podemos hacer los ciudadanos? Conocer, reducir y compensar.

Haciendo lo que alguien podría considerar cuatro tonterías, se podrían reducir hasta un 10 por ciento las emisiones sin cambiar nuestro estilo de vida. Imagínate si lo hiciéramos.

En casa, cuando nos movemos y hasta cuando comemos, podemos introducir ciertas pautas para evitarle a la atmósfera unos cuántos gramos más de CO2.

Conocer

El primer paso para adquirir o cambiar hábitos para reducir nuestra huella de carbono es saber cómo y cuánto CO2 estamos emitiendo. En Internet proliferan calculadoras que informan del impacto de nuestra actividad. En busca de la máxima precisión, algunas requieren tener las facturas de los consumos energéticos en el hogar, así como conocer detalladamente cuántos kilómetros hacemos con el coche habitualmente e incluso hacer un pequeño inventario de nuestros hábitos alimenticios.

Reducir

El viaje diario en coche al trabajo, el ordenador enchufado todo el día aunque no se use, poner la lavadora a 90 grados (las manchas salen mejor) en vez de lavar en frío y, aún más, cuando no está llena todavía, o comer mucha carne, son algunas de las acciones diarias que dejan una huella de carbono más profunda. No siempre es posible evitarlas,pero sí adaptarlas para reducir el impacto en el medio ambiente. La literatura sobre cómo hacerlo es extensa y en diarioecologia.com, puedes encontrar miles de consejos.

Aprovechar la luz natural y usar bombillas de bajo consumo supone una ventaja para el Planeta ya que consumen en torno a un 80 por ciento menos de energía y duran 8 veces más que las convencionales. Con ello no solo podemos ahorrar dinero, sino que también evitaremos la emisión a la atmósfera de casi media tonelada de CO2, según datos de WWF.

Utilizar el transporte público o la bicicleta siempre que sea posible y coger el coche lo menos posible es una de las recomendaciones más extendidas. El desplazamiento en vehículo personal en vez de transporte público es uno de los hábitos que más contaminan, y más difícil de cambiar sobre todo para quienes viven lejos del trabajo. Por eso es conveniente conocer algunas prácticas de conducción eficiente como mantener una velocidad constante evitando acelerones y frenazos, revisar la presión de las ruedas para que sea la adecuada (según las indicaciones del fabricante) y cambiar de marcha a bajas revoluciones.

Si toca cambiar algún electrodoméstico en casa y si el presupuesto lo permite, lo recomendable es que el nuevo sea de clase A, ya que los aparatos de esta categoría son los que consumen menos energía. “Si todos los electrodomésticos del hogar fuesen de bajo consumo, se emitirían 271 kg menos de CO2 al cabo del año”, apunta la Fundación Tierra. Pero hay, sin embargo, aparatos que son “ineficientes per se”, indica la organización. Es el caso de las secadoras que consumen cuatro veces más que la lavadora por el mismo ciclo de ropa. Lo ecológico es secar la ropa al aire libre. Tampoco hay que olvidarse de descongelar el refrigerador antes de que la capa de hielo alcance tres milímetros de espesor. Solo con ello se consiguen ahorros de hasta el 30 por ciento, informa WWF.

La gestión de la temperatura de la casa y del agua que utilizamos para la ducha o lavar la ropa puede hacer una gran diferencia en cuanto al consumo energético y nuestra emisiones de CO2. La calefacción supone dos tercios del consumo energético en los hogares, y cada grado de más incrementa el gasto un 7 por ciento. En el caso de las lavadoras, un 80 por ciento del gasto energético se invierte en calentar el agua. Lavando en frío se evita gran parte de ese consumo. Más ahorro para el bolsillo y menos partículas de CO2 en la atmósfera.

En los hogares se produce, además, el conocido como “gasto fantasma”. Es decir, el consumo que hacen los aparatos enchufados pero que no estamos usando. Para evitarlo, el gesto es tan sencillo como desconectarlos.

La inversión en ventanas y materiales de aislamiento del hogar, puede llegar a ser muy rentable económicamente gracias al ahorro consumo de energía para mantener la temperatura. Y también reduce nuestras emisiones de CO2.

También con el reciclaje reducimos nuestra huella de carbono. Esta práctica está cada vez más extendida entre los ciudadanos. pero que en nuestro pais, necesita mucha mas aplicaón.

En la mesa también se puede mitigar el cambio climático. Consumir alimentos de temporada y, en la medida de lo posible, de producción local, asegura que lo que nos llevamos a la boca no ha tenido que ser transportado miles de kilómetros, con sus consecuentes emisiones.

Compensa

Lo fundamental es saber de dónde proceden nuestras emisiones e intentar cambiar hábitos para reducirlas. En último lugar, estaría la compensación. Desde hace pocos años se ha puesto de moda que empresas, e incluso personas, traten de compensar voluntariamente sus emisiones mediante la plantación de árboles, que fijan (absorben) el CO2.

Pocos detractores puede tener la reforestación de zonas degradadas con especies autóctonas. “Es una necesidad muy grande crear nuevos bosques.  Pero hay quienes discrepan en cuanto a que esta práctica se presente como una vía de compensación inmediata de las emisiones. Uno de ellos es el director de Reforesta. Y explica: “El CO2 hay que retirarlo en el año que se produce para que no provoque efecto invernadero, y un plantón de un año de una encina apenas fija CO2”.

Es muy recomendable que cualquiera plante un árbol y, sobre todo, lo cuide. En el futuro será un agente contra el cambio climático.

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