Es cierto que las vacas contaminan tanto como los automoviles?

¿Quién calienta más el planeta: las vacas o los automóviles?. Seguramente has escuchado el debate más de una vez: mientras algunos señalan a los millones de vehículos que congestionan nuestras autopistas como los grandes villanos climáticos, otros apuntan hacia las praderas y culpan a la ganadería. De hecho, el tema ha cobrado tanta fuerza que países como Dinamarca ya planean aplicar impuestos a las emisiones bovinas a partir de 2030.

Pero, con los datos científicos sobre la mesa, ¿realmente contamina más una vaca que un auto? Vamos a desglosar las cifras.

Primero, lo básico: ¿qué es un gas de efecto invernadero?

Es cualquier gas que absorbe la radiación infrarroja que emite la superficie de la Tierra y devuelve parte de ella hacia abajo, lo que contribuye al efecto invernadero. Los tres más importantes son el dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua. El ozono superficial, los óxidos nitrosos y los gases fluorados también atrapan calor, aunque en menor medida.

El vapor de agua es un caso especial. Los humanos no podemos modificar su cantidad de forma directa, porque depende de la temperatura del aire: cuanto más cálida la superficie, más agua se evapora. Por eso actúa más como un mecanismo de retroalimentación que como un causante directo. Los gases que sí estamos aumentando, sobre todo al quemar combustibles fósiles, son el CO₂ y el metano.

El CO₂: el gas más importante

El dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero más significativo. De forma natural proviene de volcanes, de la descomposición de materia orgánica y de la respiración de los seres vivos, y esas fuentes se compensan con «sumideros» como la vegetación y los océanos. Las actividades humanas rompen ese equilibrio con la quema de petróleo, carbón y gas, la producción de cemento y la tala y quema de bosques. Se estima que liberamos cerca de 7 gigatoneladas de carbono al año, más de lo que los sumideros naturales pueden absorber.

El resultado es que la concentración de CO₂ pasó de unas 280 partes por millón (ppm) al inicio de la Revolución Industrial a 410 ppm en 2018. Según las mediciones en núcleos de hielo, es el nivel más alto en al menos 800.000 años.

El metano: menos abundante, pero mucho más agresivo

El metano (CH₄) es un gas incoloro e inodoro, el hidrocarburo más simple de la serie de las parafinas. Se produce de forma natural en humedales, en las termitas, en los volcanes, en respiraderos del fondo marino y en depósitos de hidratos de metano bajo el permafrost y el hielo antártico. También es el componente principal del gas natural, que contiene entre 50 y 90 % de metano según su origen.

Entre las fuentes humanas están la extracción y el uso de gas natural y carbón, la quema de biomasa, la gestión de residuos (como los vertederos) y la ganadería. Desde 2007 su concentración en la atmósfera sube entre 6,8 y 10 partes por mil millones (ppb) cada año. En 2022 llegó a 1.908 ppb, unas tres veces el nivel preindustrial, que rondaba entre 600 y 700 ppb.

Además, el metano tiene un efecto indirecto. Cuando su concentración aumenta, disminuyen los radicales hidroxilo que lo eliminan, y eso prolonga su vida en la atmósfera.

Para comparar hay que medir con la misma vara

Aquí está el problema: el metano atrapa mucho más calor que el CO₂, pero hay muchísimo menos en la atmósfera. Para comparar de forma justa hay que tener en cuenta la cantidad y la potencia de cada gas.

Por eso el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) usa desde 1990 el potencial de calentamiento global (PCG), que mide cuánta energía absorbe una tonelada de un gas en un periodo determinado, en relación con una tonelada de CO₂. Por definición, el PCG del CO₂ es 1. El del metano, a 100 años, está entre 27 y 30. Usaremos el promedio: 28,5.

Hagamos las cuentas

Los autos. Según la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA), un auto a gasolina emite unas 4,6 toneladas métricas de CO₂ al año. En total, los autos emiten unos 4.600 millones de toneladas anuales.

Las vacas. Una vaca emite entre 154 y 264 libras de metano al año. Tomemos un promedio de 209 libras. Con más de 1.500 millones de vacas en el mundo, son unas 313.500 millones de libras, es decir, unos 156,75 millones de toneladas de metano al año.

Poniéndolo en la misma escala. Multiplicamos el metano de las vacas por su PCG:

  • Vacas: 156,75 millones × 28,5 ≈ 4.467 millones de toneladas de CO₂ equivalente
  • Autos: 4.600 millones × 1 = 4.600 millones de toneladas de CO₂

Entonces, ¿contaminan las vacas tanto como los autos?

Según este cálculo, no: las vacas se quedan por debajo de los autos, pero por muy poco. Son cifras aproximadas, pero muestran que el impuesto danés no es tan descabellado como parece. El CO₂ de los combustibles fósiles sigue siendo el gran protagonista del calentamiento global, y el metano, con su enorme potencia y su rápido aumento, es un aliado difícil de ignorar.

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