
Aunque el sol ecuatorial quema la piel con fuerza, la temperatura ambiental no pasa de los 9 grados centígrados, pero la sensación térmica es mucho menor gracias a los helados vientos que se cuelan en estas llanuras. Hace tanto frío que hasta hace pocos meses tomar un baño con agua caliente era una verdadera odisea, un lujo que sólo ocurría contadas veces en la semana. Pero esta situación está a punto de cambiar gracias a la llegada del biocalefón, un calentador de agua que funciona con la combustión de desechos orgánicos y que sirve al mismo tiempo como un secador de biomasa.
El sistema fue diseñado por la Escuela Politécnica del Ejército de Quito (ESPE) y busca convertirse en una solución para la gran cantidad de comunidades indígenas que viven en similares condiciones en la región andina de Ecuador.
El «biocalefón» es una estructura de metal con varias cámaras por donde circula aire y agua. Su funcionamiento es simple y la explicación de su eficacia está en el intercambio de calor y la producción mínima de gases contaminantes.
Con un ventilador se ingresa aire frío a una cámara que es calentada con fuego. El aire frío se calienta y eleva la temperatura al agua contenida en un tanque. El calor del agua sirve a su vez para secar la materia orgánica o biomasa que servirá luego como combustible para el fuego.
No se trata de explotar la biomasa en una forma desproporcionada sino en una forma sustentable, es decir, utilizar el desecho. El tanque de agua tiene una capacidad de 800 litros, lo suficiente para que 100 personas puedan bañarse. Se necesita un poco más de 1 kilo de biomasa para calentar 25 litros de agua.
El agua puede llegar a los 76° centígrados y el cajón de secado para la materia orgánica alcanza una temperatura de 60° centígrados.



















