
Por: Marcela Jiménez. Segun el Jefe de la División de Cambio Climático del BID, la implicación financiera por el daño ambiental en Centroamérica y Panamá se traduce entre US$80.000 y US$105.000 millones anuales.
El principal impacto financiero por el cambio climático recae en la actividad agrícola, Centroamérica es una región con alto grado de vulnerabilidad ante las inclemencias del clima, que año a año proporciona inundaciones y sequías en sus costas.
La región se encuentra en un punto clave, pues si el clima sigue variando puede llegar a considerarse peligroso para la región, además que conforme se aumenten las emisiones de carbono el impacto financiero será mayor.
¿Cuál es la oportunidad que tiene la región para revertir su panorama? La clave está en las energías limpias. Se requiere de tres puntos claves para mudarnos hacia una economía baja en carbono: usar recursos energéticos locales (como estrategia para reemplazar a los combustibles fósiles), potenciar el desarrollo económico a través de empleo “verde” y reducir la vulnerabilidad.
Sin embargo, aún con su potencial renovable, la región sigue promoviendo el uso de combustibles fósiles, una tendencia contraria a la seguida mundialmente. Esto se debe a que el sistema regulatorio de políticas de estado fue desarrollado hace mucho tiempo, favoreciendo a los combustibles fósiles.
Cuando se hace la cuantificación de los beneficios para el Estado, ellos superan en más del 200% los diferenciales financieros entre energía solar y gas.



















