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Por: DANIEL OLIVARES DAWSON
Raúl Delgado del Valle (Granada, 1977) tuvo un día un sueño y hoy está muy cerca de llegar a cumplirlo. Si todo se desarrolla según lo planificado, en la primavera del año que pronto se inicia, su vida se introducirá en una aventura larga, sacrificada y repleta de interrogantes. El desafío, que ya afrontaron otros espíritus indomables como el de este granadino afincado en Edimburgo (Escocia), no es nuevo, pero sigue produciendo escalofríos: Alaska-Argentina en bicicleta. Desde la gélidas tierras de Fairbanks, en el interior de la península de Alaska (EE UU), hasta las húmedas de la bahía de Ushuaia (Argentina) se cuentan más de 27.000 kilómetros de terreno que cubren América de Norte a Sur, siguiendo la costa del Pacífico. Una ruta Panamericana que traslada al viajero del clima subártico al subpolar oceánico… de un extremo extremo a otro del mundo.
Es la empresa que se propone afrontar este licenciado en Derecho por la Universidad de Granada, que ha bautizado su proyecto como ‘The Americas Bycycle’. No estará sólo. Le acompañará Marta Tajsiak (Swidnica, Polonia, 1983), profesora de educación especial y también residente en la ciudad escocesa. «Le pregunté: ¿quieres recorrer el mundo conmigo de Norte a Sur en bici? ¡Y la muy loca dijo ‘sí’!», recuerda Delgado. Aquello fue hace tres años. Hoy, con el reto a escasos meses de germinar, Marta y Raúl ultiman los detalles y preparan las bicicletas recicladas que utilizarán para completar su andanza de cerca de dos años y medio pedaleando por América.
Recuperar la esencia
La idea de esta ocurrencia nació «de una reflexión sobre la actual manera de viajar y el impacto medio ambiental que está produciendo». Ambos ven su viaje como «una pequeña protesta hacia las nuevas maneras de viajar en las que el destino es lo único que cuenta, en las que el viaje se ha relegado al tiempo perdido desde que abandonamos nuestro punto de origen hasta que llegamos a nuestro destino».
Para Raúl Delgado, «el reciente ‘boom’ de vuelos a bajo precio ha abierto increíblemente la posibilidad de movernos de manera más fácil y rápida, pero también ha estrechado o reducido el viaje», porque «podemos ir muy lejos, tan lejos y tan rápido que perdemos la referencia del camino recorrido; en unas pocas horas puedo pasar de mi ‘realidad Madrid’ (Barajas) a la ‘realidad India’ (Bombay)». En otras palabras, quieren retornar «a aquella antigua romántica idea de viajar por el placer de viajar, donde lo importante son las experiencias que el viaje le brinda al viajero y las gentes con las que el viajero se mezcla en su deambular, donde el tiempo se estira, se relaja para que lo fortuito ocurra».
Pero en la esencia de la aventura radica quizá su mayor dificultad: la bicicleta será su único medio de transporte. «Marta y yo pensamos que la bicicleta es el transporte más humano de todos los que el ser humano ha creado, el que más se asemeja a nuestro ritmo vital, el que te permite interactuar con el paisaje a una velocidad en la que nuestros sentidos y nuestro ser pueden captar e interactuar con lo que nos rodea. Es menos intrusivo, cercano, humano y amigo del planeta». Y es que la conciencia ecológica está presente en el guión de ruta. Con la colaboración de su patrocinador principal Bike Station, han decidido usar bicicletas recicladas, compuestas con piezas de viejas monturas abandonadas o donadas. «Sólo utilizaremos piezas nuevas si es imprescindible por el desgaste, o si no las encuentro en buenas condiciones».
Tras el verano de 2013 deberá iniciarse su otro reto: promocionar el reciclaje de bicicletas. Para entonces, Fairbanks y Ushuaia serán ya un bello recuerdo unido por dos ruedas.



















