2022 fue el quinto año más caluroso desde que existen registros

No es difícil intuir que el año que acaba de terminar ha sido una ventana abierta a los estragos del cambio climático. Las olas de calor, la sequía, los incendios forestales o la desaparición de glaciares han sido ejemplos tangibles de que las cosas no van bien y que, visto lo visto, aún pueden ir mucho peor. Esto es lo que hemos podido ver con nuestros propios ojos. Sin embargo, ahora los datos recién publicados por Copernicus, el programa de monitorización del clima de la Unión Europea, lo confirman. 2022 ha sido el quinto año más caluroso desde que existen registros. Pero eso es solo si nos ceñimos a las temperaturas de todo el mundo. Si nos centramos en Europa, ha sido el segundo año con temperaturas más elevadas, solo por debajo de 2020. 

La parte buena de 2020, si es que se puede sacar algo positivo de aquel año, es que hubo un parón en la actividad industrial que ayudó a congelar e incluso retroceder algunos pasos en la carrera por evitar el cambio climático. Pero todo eso ya ha vuelto a la normalidad y sigue empeorando, con un aumento vertiginoso de las temperaturas que, desgraciadamente, no ha hecho más que comenzar. 

¿Qué es Copernicus?

Copernicus es un componente del programa espacial de la Unión Europea, dirigido a observar y monitorizar seis parámetros terrestres: atmósfera, mares, tierra, cambio climático, seguridad y emergencias. A través de esta información, ofrece servicios y datos operativos de acceso libre que aportan a los usuarios información fiable y actualizada sobre el planeta y el medioambiente.

Se centra especialmente en Europa, aunque también extrae datos del resto del planeta. Esto le permite publicar cada año un resumen de la evolución del clima, así como de factores relacionados con el mismo, como los niveles de gases de efecto invernadero, las precipitaciones o los incendios forestales. Todo esto se compara con el resto de años de los que existen registros para tener información más exacta sobre el avance del cambio climático. Y las noticias este año no son buenas.

2022, el quinto año más caluroso

A nivel mundial, 2022 ha sido el quinto año más caluroso desde que existen registros. Esto a bote pronto podría indicar una buena evolución. Al fin y al cabo, significa que no hace más calor que en el pasado. No obstante, las temperaturas están muy cercanas tanto del cuarto año más caluroso como de los cuatro siguientes. Es decir, que apenas hay diferencias entre el cuarto y el octavo año. Además, los últimos ocho años han sido los más calurosos desde que hay registros. Por lo tanto, a pesar de las pequeñas variaciones, sí que vemos una tendencia marcada por el cambio climático.

De hecho, en 2022 la temperatura media mundial se situó 0,3 °C por encima del periodo de referencia entre 1991 y 2020. Esto supone, además, 1,2 °C más que entre 1850 y 1900. Aquí es importante hacer un inciso. Puede parecer que 0,3 °C no son nada. ¿Qué más da 26 °C que 26,3 °C? Pero no es tan sencillo. Cuando hablamos de estos aumentos de temperatura global no se hace referencia a los grados Celsius medidos en un punto y la media de todos ellos. En realidad, lo que se mide es un parámetro conocido como temperatura de equilibrio radiativo. Esta deriva de la ley de Stefan-Botzmann, que indica que existe una relación matemática entre la temperatura y la cantidad de energía emitida por radiación.

Esto permite calcular más fácilmente a través de satélites la que sería la media de la Tierra. Pero no es equivalente a la temperatura en un punto. La temperatura global, al ser una media de todo el planeta, es más difícil de perturbar, de modo que una pequeña variación significa mucho.

Por lo tanto, la situación es peligrosa y plantea complicado el cumplimiento de lo que se decidió en el acuerdo de París de 2015. En él se estableció la necesidad de implantar medidas para evitar superar los 2 °C por encima de los niveles preindustriales. Al ritmo que vamos, no tardaremos en alcanzarlos y es mucho más que pasar de 18 a 20 °C. Debemos tomar medidas cuanto antes. 

Incendios y emisiones contaminantes

Copernicus también analiza los incendios forestales y las emisiones de partículas contaminantes y gases de efecto invernadero. Es otra buena medida del cambio climático y, de nuevo, este año los resultados han sido preocupantes.

Y es que, a nivel mundial, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono aumentaron aproximadamente 2,1 partes por millón (ppm). Esto supone “un ritmo similar al de los últimos años”. En cuanto a las concentraciones de metano en la atmósfera, estas aumentaron cerca de 12 partes por mil millones (ppb), “por encima de la media, pero por debajo de los máximos históricos de los dos últimos años”. 

Otros lugares del mundo también están sufriendo el cambio climático

Además de señalar que 2022 ha sido el quinto año más caluroso desde que hay registros, el informe de Copernicus hace referencia a algunos lugares fuera de Europa en los que la situación en 2022 ha sido especialmente grave. Es, por ejemplo, el caso de Pakistán, donde las lluvias extremas causaron importantes inundaciones en verano. Además, este ha sido uno de los países afectados por una intensa ola de calor, que también fue especialmente cruenta en el norte de la India y el centro y el este de China.

En el otro extremo se encuentran las temperaturas “relativamente bajas” y las elevadas precipitaciones, que han sumido a una parte de Australia bajo los efectos de la Niña durante un periodo muy prolongado. Esta, a su vez, puede traer más precipitaciones e inundaciones, además de la posibilidad de que se desarrollen huracanes.

Y, por supuesto, el hielo también se ha visto afectado. De hecho, la extensión helada de la Antártida ha alcanzado en 2022 su punto más bajo de los últimos 44 años. Es una noticia extremadamente preocupante, que llega pocos días después de un estudio que asegura que la mitad de los glaciares del mundo se derretirán a lo largo de este siglo.

En definitiva, las noticias de Copernicus no son buenas. El cambio climático se abre paso sin que salgamos completamente del letargo que nos impide tomar las medidas necesarias. Nosotros, como población, podemos tomar algunas, pero está claro que el mayor peso debería caer en las instituciones. Lo expuesto en este informe debería ser un buen aliciente para hacerlo. 

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