La tecnología de la información y la energía se cruzan

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POR BILL GROSS TRADUCIDO POR LÍA MOYA. Dos de las conferencias TED de este año, puestas la una junto a la otra, forman una especie de debate sobre el futuro de nuestro planeta. Paul Gidling dio una charla titulada «The Earth Is Full» (La Tierra está llena), sobre cómo estamos agotando todos los recursos naturales y afirmando que es muy posible que las consecuencias sean devastadoras. El creador del Premio X, Peter Diamandis, hizo una presentación titulada «Abundance» (Abundancia) sobre cómo inventaremos formas innovadoras de resolver los retos que se nos presentan.

Creo que necesitaremos grandes dosis de ingenio para conseguir que nuestro planeta proporcione lo necesario para más de 7.000 millones de habitantes, por no hablar de los 9.000 previstos para 2050, y creo que la tecnología de la información hará posible esta inventiva. Debido a la existencia de mercados fluidos y a una economía cada vez más globalizada, casi todos los recursos importantes empiezan a escasear y a ser más caros. Esto queda demostrado no solo por el precio del crudo, sino también del aluminio, el hormigón, la madera, el agua, las tierras raras e incluso en el caso de elementos más abundantes como el cobre. Todo es más caro porque hay miles de millones de personas intentando empaquetar y consumir estos materiales de forma creativa. Pero existe un recurso cuyo precio ha ido bajando de forma continua: la computación.

La potencia, el coste y la energía necesarios para fabricar una unidad de computación está cayendo a un ritmo más continuo y fiable de lo que hayamos visto con cualquier otra materia prima en la historia de la humanidad. Esa curva de coste descendiente debe ir unida a energía más barata, y así será. Esto sucederá cuando la gente se pregunte: «Para lograr mi objetivo (al diseñar cualquier aparato o sistema), ¿uso más ‘átomos’ o más ‘bits’ (potencia de computación)?». La elección tendrá que ser bits, porque los átomos están subiendo de precio mientras que los bits bajan.

Propongo algunos ejemplos. Al diseñar un coche, puedes esforzarte por usar materiales más resistentes y ligeros que aumentarán la eficiencia energética, pero probablemente eso haga subir el precio; o puedes esforzarte por usar la potencia computacional para hacer simulaciones que optimicen el uso de los materiales. En la actualidad, la dinámica de fluidos computacional permite que un diseñador cree el nuevo perfil de un coche, lo meta en un túnel de viento virtual en un ordenador en vez de uno físico y haga pruebas de un millón de carrocerías diferentes para mejorar el kilometraje por depósito en cantidades significativas. Antes, quienes construían automóviles no tenían esta posibilidad.

En el campo de la energía solar, grandes campos de espejos o paneles fotovoltaicos pueden optimizarse para ser más ligeros, más fiables y más eficaces simplemente colocando un microprocesador de 2 dólares (aproximadamente 1,5 euros) en cada panel. Un ordenador incorporado que permite a cada panel seguir el sol independientemente y sustituye sistemas anteriores que usaban más acero, mecanismos y motores más grandes, en definitiva, más materiales. Hace tan solo 10 años el poder de computación y los sensores necesarios para construir un panel solar capaz de seguir el movimiento del sol podría costar 2.000 dólares (unos 1.500 euros), más que el propio panel solar, por lo que el sistema no habría resultado eficaz en términos de costes. Pero con los costes de computación bajando con un factor de 1.000 cada 15 años, surgen toda clase de oportunidades para mejorar el diseño de los sistemas.

En eSolar, una de nuestras empresas, hemos diseñado y construido una planta termal solar a escala real con una gran cantidad de computación incluida en el campo de espejos Redujimos el tamaño de los componentes, recortamos los gastos de instalación y rebajamos el coste del sistema a la mitad de lo que se había logrado hasta entonces. Esta experiencia me demostró la posibilidad de sustituir átomos por bits.

La curva descendente de los precios de la computación no ha tocado fondo, sigue bajando y cada año que pase abrirá nuevos caminos para el ingenio humano. Eso es importante porque no es fácil competir con nuestros recursos energéticos actuales. Los combustibles que sacamos de la tierra y quemamos son muy baratos. De hecho, son el almacenaje concentrado de millones de años de luz solar cayendo sobre la Tierra. Lo más irónico es que el mayor componente de los costes energéticos es el de llevar el combustible hasta los consumidores desde donde se extrae, y los costes de transporte son principalmente combustible. Así que estamos metidos en una especie de círculo vicioso. La forma de liberarnos del yugo de los combustibles fósiles es introducir algo nuevo en la ecuación energética que no sea combustible.

En este sentido, creo que la inventiva en forma de tecnología de la información es la única variable que tiene el peso suficiente. Tenemos que sustituir una forma de energía barata y no sostenible por formas de energía que sean igual de baratas. La única forma de competir con los combustibles baratos es ser más ingeniosos con la computación, es decir , usar la mínima cantidad posible de todo lo demás.

Bill Gross lleva toda su vida siendo emprendedor y es el director general de Idealab, una incubadora de ideas y prototipos que ha dado lugar a más de 75 empresas activas.

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