Los costos económicos y las consecuencias medioambientales de la inacción política ante el cambio climático ofrecen un panorama oscuro

La tendencia actual hará que la temperatura aumente entre tres y seis grados centígrados al final del siglo sobre los niveles preindustriales, un escenario de cambio climático de graves consecuencias, también económicas, que todavía podrían evitarse.

Los datos de posible aumento de la temperatura toman como referencia los que existían antes del comienzo de la era industrial. En concreto, las medidas para modificar, sobre todo, el panorama energético que se augura para 2050 y reducir las emisiones de efecto invernadero en un 70% supondrían el 5,5% del Producto Interior Bruto (PIB).

Sin nuevas políticas de contención de las emisiones de efecto invernadero las energías fósiles seguirán manteniendo su peso relativo actual, un 85% del total.

Eso conduciría a un volumen de concentración en la atmósfera de 685 partes de dióxido de carbono (CO2) o equivalentes por millón, muy lejos de las 450 que los científicos consideran que permitirían limitar el calentamiento climático global a dos grados centígrados.

El conocido como el «Club de los países desarrollados» ha afirmado que «todavía es posible» cambiar las oscuras perspectivas, pero también que «la ventana de oportunidad se está cerrando rápidamente».

La toma de medidas a 2020 sin ir más allá de lo convenido en las conferencias internacionales de Copenhague y Cancún, o esperar a la llegada de tecnologías más eficientes «sería más costoso» porque «incrementaría el ritmo y la escala de los esfuerzos necesarios» a partir de entonces, con un mayor riego medioambiental.

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