¿Creen los financieros en la sostenibilidad de verdad o no?

Esta postura va a costarme clientes. Pero no puedo quedarme callado y ser parte del problema. El mundo financiero está atravesando una crisis de identidad. Después de años promocionando agresivamente la sostenibilidad como un valor fundamental, muchas instituciones financieras parecen estar dando marcha atrás en sus compromisos. Este fenómeno plantea una pregunta crucial: ¿Realmente los financieros creen en la sostenibilidad, o simplemente fue una estrategia de marketing oportuna que ahora abandonan ante la primera señal de vientos políticos cambiantes?

La Net-Zero Banking Alliance ha perdido su rebaño y los objetivos de emisiones vinculados a la financiación se están revisando, por decirlo amablemente. Mientras tanto, buena suerte a la hora de encontrar un gestor de carteras que abogue por la inversión medioambiental, social y basada en la gobernanza. Están demasiado ocupados renunciando a su compromiso de desinvertir en empresas de combustibles fósiles.

Tal es su pérdida de fe que la Net Zero Asset Managers Initiative «suspendió sus actividades» en enero. La versión aseguradora también está muerta. Cómo me juzgaron en 2022 cuando escribí que tales iniciativas eran « pura palabrería ».

Si fuera simplemente una cuestión de pragmatismo, simpatizaría con ellos. Las empresas siempre han seguido al dinero, especialmente los bancos. Una encuesta tras otra dice que los clientes estan preocupados por el estado del planeta y sus sostenibilidad. Tanto clientes como las instituciones quuien que sus ahorros «hagan el bien». Las inversiones en fondos sostenibles alcanzaron los 645.000 millones de dólares en todo el mundo en 2021, según datos de Morningstar, incluidos los productos ESG. Esto supuso una cuarta parte de todos los ingresos.

Los bancos también estaban haciendo fortunas con todo tipo de productos, desde bonos verdes hasta investigación, al igual que los proveedores de índices, consultores, empresas de análisis de datos y más. Así que sí, la demanda estaba ahí. Y ahora ya no.

Pero un momento. Los objetivos netos cero o ESG nunca se nos vendieron como oportunidades de maximización de beneficios favorables a los accionistas. Si lo fueron, me parece justo. Abandónenlos: el mundo ha cambiado. Pero no, desde el principio se vendieron como creencias esenciales. La sostenibilidad era uno de los valores fundamentales de todos los bancos. Salvar nuestro planeta era el propósito de los gestores de activos.

La Gran Retractación

Un reciente análisis del Financial Times destaca una preocupante tendencia: el sector financiero está ejecutando uno de sus actos de apostasía más hipócritas de la historia reciente. Lo que hace apenas tres años podría haber costado un puesto de trabajo a ejecutivos que cuestionaran abiertamente las políticas climáticas, ahora apenas levantaría una ceja en el entorno actual.

Esta situación es particularmente desconcertante porque las grandes instituciones financieras no vendieron la sostenibilidad como una simple oportunidad de negocio. La presentaron como un conjunto de «creencias esenciales» y «valores fundamentales». El contraste entre la retórica corporativa y las acciones actuales crea una disonancia difícil de ignorar.

El Dilema Fundamental

Si estas instituciones realmente creyeran en la sostenibilidad como valor fundamental, ¿cómo han podido abandonar sus convicciones tan fácilmente? Y si nunca creyeron realmente en ella, entonces han estado engañando deliberadamente a inversores, clientes y al público en general.

Este comportamiento plantea serias dudas sobre la integridad del sector financiero. Si los valores fundamentales pueden descartarse tan fácilmente cuando cambia el clima político o económico, ¿qué significa esto para otras áreas donde se nos pide que confiemos en estas instituciones?

El Problema con las Finanzas Sostenibles 1.0

Parte del desafío es que muchos aspectos de lo que podríamos llamar «Finanzas Sostenibles 1.0» no tenian una base sólida. Las estrategias de exclusión que simplemente evitaban invertir en ciertos sectores, por ejemplo, no lograban el impacto deseado. La compra o venta de acciones en un mercado secundario, en sí misma, tiene un impacto limitado en las prácticas corporativas reales.

Además, hay evidencia de que la industria financiera ha utilizado el discurso de sostenibilidad principalmente como herramienta de relaciones públicas. Un análisis académico de artículos de opinión en medios financieros muestra que las instituciones tienden a enmarcar su compromiso con la sostenibilidad de manera que se adapte al modelo de mercado neoliberal predominante, en lugar de ofrecer alternativas genuinas.

El Camino Hacia Finanzas Sostenibles 2.0

A pesar de estos problemas, la industria financiera necesita encontrar nuevamente su compromiso con la sostenibilidad. El actual rechazo a las finanzas sostenibles representa una oportunidad: desechar las prácticas equivocadas, mejorar los aspectos positivos y reafirmar que las finanzas pueden ser una fuerza para el bien.

¿Qué podría incluir un enfoque de Finanzas Sostenibles 2.0?

  1. Mayor honestidad: Reconocer las limitaciones de ciertos enfoques y ser transparentes sobre los compromisos y compensaciones.
  2. Más claridad: Especialmente en la medición y reportes ESG. Los expertos del sector abogan por métricas estandarizadas que permitan a los inversores entender exactamente lo que están comprando.
  3. Mejor compromiso: En lugar de simplemente excluir a empresas de combustibles fósiles, trabajar con ellas para facilitar su transición, reconociendo que el 80% de la energía mundial todavía proviene de estas fuentes.
  4. Enfoque estratégico: Concentrar esfuerzos donde tengan mayor impacto, como en las compañías responsables de la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Reflexión Final

Líderes del sector nos preguntamos: «¿Dónde está la reacción contra la acción? ¿Dónde está la lucha contra la gradual desprioritización de la sostenibilidad?»

Esta es quizás la pregunta más importante que enfrentamos ahora. En un momento en que muchas empresas están abandonando sus compromisos, necesitamos líderes dispuestos a mantener sus convicciones, incluso cuando no sea conveniente.

El problema no es que necesitemos menos sostenibilidad en las finanzas, sino que necesitamos más honestidad, más claridad y más compromiso para hacerlo correctamente. Si las instituciones financieras realmente quieren contribuir a combatir el cambio climático, necesitan «predicar con el ejemplo», no trasladar responsabilidades a la política o al público, y ofrecer soluciones claras sobre cómo transitar hacia una economía más sostenible.

El verdadero test de valores no es cómo actuamos cuando es fácil o conveniente, sino cómo respondemos cuando nuestras convicciones son desafiadas. El sector financiero está enfrentando ese test ahora, y hasta el momento, los resultados no son alentadores.

Empecemos por los bancos. Si yo fuera responsable mundial de sostenibilidad, recordaría a los accionistas que el 80% de la energía mundial sigue procediendo de combustibles fósiles. ¿De verdad quieren que se apague la luz? No tiene sentido dejar de financiar sin sentido a las empresas de carbón, petróleo o gas. Es mejor comprometerse, ayudarles en la transición y estimular el crecimiento económico necesario para invertir en energías renovables.

En mi experiencia gestionando contenido sobre sostenibilidad durante años, he observado que las organizaciones que integran genuinamente los principios sostenibles en su ADN son aquellas que mantienen su rumbo incluso en tiempos difíciles, porque entienden que no se trata solo de una estrategia de marketing, sino de una necesidad para la viabilidad a largo plazo.

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