Vitoria, un ejemplo de cultura de reciclaje

Por: Jaione Sanz

La obsesión por reciclar es congénita a Vitoria, España. Por si cuatro contenedores no fueran suficientes, experimenta con un quinto. Y por si la directriz medioambiental de la Unión Europea se quedara algo corta, decide adelantarse cuatro años a sus plazos. El plan integral de gestión de residuos 2008-2016 se marca para esa fecha tope un aventurado compromiso: que el 50% de la basura generada en Vitoria llegue a los contenedores de recogida selectiva.

Eso supone duplicar la colaboración ciudadana, porque ahora se recicla el 25% de los desechos.

Si logra cumplir su palabra, sellada recientemente en Bruselas, Vitoria habrá marcado un nuevo hito en políticas verdes. Y eso es lo que espera el primer edil, quien recordó que el plan cuenta con el consenso de todos los grupos políticos y se alimenta de las aportaciones realizadas por el consejo sectorial de Medio Ambiente. Un buen punto de partida para hacer posibles los dos objetivos del programa. Por un lado, reducir la generación de basuras «con actuaciones preventivas que involucren a toda la ciudadanía». Por otro, conseguir que los desechos que lleguen a Gardélegui sean «la mínima expresión», de manera que se prolongue la vida del vertedero y el impacto medioambiental sea menor.

El vidrio, el papel y el cartón cumplen ya esa característica para todo el mundo, pero existen otros materiales que hasta ahora no habían sido considerados en la misma categoría que también tienen esa vocación: los desperdicios de comida y las plantas pueden transformarse en combustibles de segunda generación o en abono con el que alimentar los suelos agrícolas, los terrenos degradados y los parques y jardines.

Así lo demostrará el ensayo piloto del quinto contenedor, que se aplicará en Arriaga, Lakua y Abetxuko. El Consistorio comenzó la labor informativa puerta a puerta hace un mes y la finalizará en diciembre, un periodo durante el que dará a conocer su iniciativa a todas las familias e intentará que el 20% se apunte de forma voluntaria. Los participantes recibirán el kit de compostaje y, de enero a marzo se enfrentarán a tres meses de intenso reciclaje. Después, el Ayuntamiento enviará los restos a la planta de biocompost de Jundiz para analizar la calidad del material. Cada barrio contará con un tipo distinto de contenedor naranja, tanto por sus características como por la forma de apertura y cierre. Por eso, concluido el experimento, el Consistorio evaluará cuál de todos los depósitos es el más apropiado. Culminada la fase final, el siguiente objetivo será ampliar la iniciativa. El límite lo pone la colaboración ciudadana.

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