Comprando alimentos organicos y ecologicos

organicos

HACE unos días me decía una amiga mía: “Definitivamente, yo quiero comprar productos frescos ecológicos, pero no son fáciles de conseguir y, además, ¡suelen ser muy caros!”. Me gustan estas opiniones, porque son de consumidores reales, de a pie, y las plantean desde sus sensaciones más espontáneas, desprendiendo, muchas veces, una información más valiosa que la obtenida de costosos análisis de mercado. Desde esa conversación llevo dándole vueltas al tema, y no es la primera vez que alguien me dice: “Definitivamente, yo quiero comprar productos frescos ecológicos”.

Si a una persona le pones dos fresas encima de la mesa, una de ellas biológica y la otra no, seguramente irá a por la primera. Hay una demanda real de estas producciones, la de los consumidores finales, la que debería prevalecer. De hecho, cuando un agricultor ecológico apuesta por vías alternativas de comercialización directa, se suele encontrar con un consumidor receptivo y convencido de que lo producido con marchamo orgánico es mejor que lo convencional. Pero no olvidemos otras dos cuestiones cruciales: “…pero no son fáciles de conseguir”.

Si buscamos frutas y verduras ecológicas en nuestro supermercado habitual, no las encontraremos. El ecológico es un producto que, por la estructura de este subsector, no encaja en los sistemas de la gran distribución. Si quieres comer ecológico, tienes que hacerlo buscando información sobre tiendas especializadas, grupos de consumo, puestos específicos en mercados, plataformas online, etc. El ritmo frenético del día a día, no obstante, no le permite a uno dedicarle tanto tiempo a “buscar” comida. Por eso, poder materializar esta demanda pasa por facilitarle las cosas al consumidor, creando mercados específicos, promocionando los puntos de venta y los sistemas alternativos existentes. “?Y, además, ¡suelen ser muy caros!”.

Los alimentos ecológicos se relacionan con productos caros y exclusivos, y esto no es casual. Habitualmente han sido vendidos identificándolos como productos de “gourmet”, con precios inflados exageradamente. Es cierto que, objetivamente, los costes de producción de este tipo de hortalizas son mayores a los de las producidas por métodos convencionales. Sin embargo, se hace necesario que, a través de mejoras en la producción y la comercialización, se pueda ofrecer producto orgánico con un diferencial reducido de precio sobre el convencional. Estoy convencido de que hay un porcentaje importante de población dispuesta a pagar “un poco más” por comer mejor.

Es necesario hacer pedagogía y divulgación desde el propio sistema educativo, explicando los beneficios sociales, ambientales y sobre la salud de la población que tiene una alimentación cuyos orígenes se hallen en métodos de producción agrosostenibles. En este ámbito, los comedores escolares son una excelente puerta de entrada para este tipo de alimentos, una inversión que en el futuro rentabilizaría el sistema de salud.

POr: MIGUEL LÓPEZ

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