Las renovables no bastan para reducir el cambio climático

Wallace Broecker, considerado pionero del estudio del cambio climático, ha apelado a una solución de emergencia que frene las emisiones de CO2 a la atmósfera porque a corto plazo las energía renovables no serán suficientes, especialmente, en los países pobres.

Broecker es, entre otras cosas, famoso porque en 1975 acuñó el término “calentamiento global” en un artículo en la revista Science, donde predecía que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) debilitarían la capacidad de del océano para retirarlo de la atmósfera, llevando a un un calentamiento pronunciado a principios de siglo XXI.

Para el cientifico la cuestión ahora es cómo cambiará el planeta, porque “es seguro que lo hará, de eso no hay duda”, porque lo que no cambiará es la relación del ser humano con los combustibles fósiles.

Por ello, Broecker defiende apostar por una tecnología revolucionaria aún experimental: el secuestro y almacenamiento de carbono, un iniciativa audaz que necesita del empuje y consenso de los países ricos.

Broecker, se muestra partidario de la tecnología prototipo diseñada por su colega estadounidense Klaus Lackner, que investiga desde hace años un experimento basado en una especie de árboles artifíciales capaces de absorber el dióxido de carbono de la atmósfera, que luego podría ser almacenado bajo tierra.

A diferencia de una planta real, cuyas hojas se extienden para captar la luz solar y llevar a cabo el proceso de fotosíntesis, no hace falta que las hojas de un árbol artificial estén desplegadas, ya que no necesitan los rayos del sol y por lo tanto no requieren mucho espacio.

Se estima que cada uno de estos arboles podría llegar a extraer unas 90.000 toneladas de dióxido de carbono al año, el equivalente a las emisiones de aproximadamente 20.000 automóviles.

Utilizando la tecnología disponible para la perforación de pozos petroleros, se podría crear un depósito en la profundidad del lecho marino para almacenar el CO2 extraído gracias a estos árboles.

A esa profundidad y temperatura, el dióxido de carbono es más denso que el agua, por esta razón, no podría elevarse del piso oceánico.

Pese a lo novedoso de esta aproximación, la comunidad científica no la ha recibido con gran entusiasmo tanto es asi que Lackner no encuentra el dinero para su proyecto”, se lamento Broecker, añadiendo que hasta ahora su colega sólo ha recibido una ayuda de seis millones de dólares, “lo que cuesta un jugador de fútbol una temporada

Los grandes desiertos, como el Sáhara y el australiano, serían sitios estupendos para el almacenaje del óxido de carbono.

El «padre» del cambio climático apuesta por extraer el C02 de la atmósfera para luchar contra el calentamiento

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