Cambio climático: Científicos piden que se declare una «emergencia de salud global» tras la publicación de último informe

Jornadas laborales interrumpidas, salas de urgencias al borde del colapso y miles de vidas perdidas en todos los rincones del planeta debido a temperaturas extremas. La crisis climática ha dejado de ser una proyección a futuro para convertirse en una crisis médica inmediata.

Ante este escenario, la prestigiosa revista médica The Lancet, en la edición 2026 de su informe anual The Lancet Countdown on Health and Climate Change, ha lanzado una petición formal y urgente: el cambio climático debe ser declarado oficialmente como una emergencia de salud pública mundial.

Los datos de una crisis silenciosa

A diez años de la firma del Acuerdo de París y de la primera edición del reporte de The Lancet Countdown, el diagnóstico de los especialistas en salud pública, climatología y economía es rotundo: los daños sobre el cuerpo humano avanzan mucho más rápido que las políticas para frenarlos.

Como señala la investigadora climática Marina Romanello, directora ejecutiva del informe:

«La tasa de incremento de múltiples amenazas a la salud relacionadas con el clima se está acelerando. Las muertes atribuibles al calor han alcanzado máximos históricos y el impacto económico está golpeando con mayor saña a los sectores y comunidades más vulnerables».

Las cifras que sustentan esta afirmación reflejan la dimensión del problema:

  • Mortalidad por calor desbocada: En 2023 se registraron aproximadamente 710.000 muertes asociadas a las altas temperaturas en todo el mundo. De ellas, el 71,5 % fueron directamente atribuibles al cambio climático; sin este fenómeno, el saldo se habría situado en torno a las 200.000 defunciones.
  • Una tendencia en ascenso: Entre 2016 y 2023, la media anual de muertes vinculadas al calor alcanzó las 540.800 (con un 68 % atribuible a la crisis climática), frente al 55 % registrado en la década anterior (2006-2015).
  • Impacto en la productividad laboral: En 2025, el calor extremo le costó a la economía global alrededor de 1,07 billones de dólares debido a la imposibilidad de trabajar al aire libre o en condiciones seguras, con pérdidas especialmente severas en el PIB de países de África y el Sudeste Asiático.

El cuerpo humano tiene un límite biológico

Trabajar al aire libre bajo olas de calor implacables se ha vuelto una actividad de alto riesgo. Sectores como la agricultura y la construcción están en primera línea de fuego, donde el golpe de calor y la deshidratación severa se han convertido en peligros cotidianos.

A esto se suma la convergencia de amenazas meteorológicas extremas:

  • Sequías prolongadas: Desencadenan escasez de alimentos, desnutrición infantil, deterioro en la calidad del agua, problemas respiratorios por polvo en suspensión y secuelas en la salud mental.
  • Inundaciones devastadoras: Disparan la transmisión de patógenos gastrointestinales, infecciones respiratorias y enfermedades transmitidas por vectores (como el dengue o la malaria).

Ambos extremos saturan infraestructuras hospitalarias que, en muchas regiones, operaban ya al límite de su capacidad.

La paradoja fósil vs. la salud comunitaria

Aunque la última década ha visto avances reales en energía limpia, sistemas de alerta temprana y preparación hospitalaria, la brecha frente al problema sigue ensanchándose.

Mientras los profesionales de la salud reclaman medidas de choque, las proyecciones indican que para 2040 las 100 mayores corporaciones de gas y petróleo tienen planes de extracción que superan en un 150 % los límites necesarios para no rebasar el umbral de los 1,5 °C de calentamiento global.

La hoja de ruta médica para salvar vidas

El panel internacional de expertos propone una serie de medidas prioritarias:

  1. Declaración formal de emergencia: Que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Naciones Unidas declaren formalmente el cambio climático como una emergencia sanitaria internacional.
  2. Salud en el centro de las decisiones: Condicionar los planes de descarbonización y desarrollo urbano a criterios de bienestar médico y equidad.
  3. Financiamiento directo: Incrementar las subvenciones a fondo perdido destinadas a fortalecer los sistemas de salud pública en países vulnerables.
  4. Eliminación acelerada de combustibles fósiles: Tratar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no solo como un objetivo ambiental, sino como un imperativo médico.

En palabras de Anthony Costello, copresidente de The Lancet Countdown:

«Hace diez años planteamos que responder al cambio climático representaba la mayor oportunidad de salud del siglo XXI. Hoy tenemos la certeza de que las medidas climáticas centradas en la salud salvan vidas: aire más limpio y redes sanitarias más robustas marcan la diferencia. Sin embargo, el ritmo y la escala del recorte de emisiones siguen totalmente desconectados de la velocidad y la magnitud del daño».

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