
No se trata de Bill Clinton o Bill Gates, ni de personaje influyente alguno. Se trata del huracán Bill, el ciclón tropical protagonista, para la fecha, de la temporada de huracanes que rige en el océano Atlántico, y que acaba de ser ascendido al número cuatro sobre un total de cinco en la escala de intensidad de Saffir-Simpson.
La temporada de huracanes en el mar Caribe, empezó tarde este año. Se supone que debió iniciar el 1 de junio, pero fue la semana pasada cuando se formaron las primeras tormentas tropicales en la región: Ana, Bill y Claudette, de las cuales solamente sobrevivió el segundo, puesto que la primera y la tercera perdieron fuerza y ya son historia. La temporada debería culminar el último día del mes de noviembre.
Los científicos estiman que el calentamiento global puede alterar la frecuencia e intensidad no solamente de los huracanes, sino de procesos mucho más corrientes como las lluvias: las hace más fuertes e incluso pueden ocurrir fuera de época y hasta en lugares donde tradicionalmente no les corresponde.
Por el número de víctimas y pérdidas de vidas que causan, así como los daños económicos que generan, los huracanes están entre los diez desastres más peligrosos, según el Centro de Investigaciones para la Epidemiología de los Desastres (CRED), órgano colaborador de la Organización Mundial de la Salud. Nada más en 2008, en Norteamérica y el Caribe, el huracán Gustav produjo pérdidas por 9,1 millardos de dólares; 2,6 millones de víctimas (entre muertos, heridos y damnificados), además de 537 fallecidos.



















