
El aluminio debido a su alta durabilidad y al posible reciclaje del mismo al 100% sin la pérdida de calidad, se ha ganado la denominación de «metal verde». Su considerable resistencia y las características que hacen que su mantenimiento sea bajo, lo convierten en el material preferido por la industria de la construcción, que constantemente busca materiales más ligeros, resistentes, duraderos y ecológicos.
El aluminio es un material seguro para los seres humanos, pues no libera casi ningún tipo de emisión tóxica durante su procesado o durante su utilización y además tampoco se corroe con el paso del tiempo. Así mismo, es un material extremadamente ligero que permite un empleo de energía mucho menor durante el transporte, haciendo que los niveles de emisiones de CO2 sean también menores.
Este no es todo el valor del que dispone el aluminio ya que, aproximadamente, el 75% de lo que se ha producido a lo largo de su historia (que ronda los 100 años), todavía está en uso a día de hoy. Esto hace que se cree un fondo de aluminio virtual que se repone continuamente con su propia aplicación, como por ejemplo en materiales de construcción, en latas de refresco, en los componentes de los automóviles, etc.
Una tonelada de aluminio reciclado es capaz de proporcionar un ahorro de alrededor de 4 toneladas de su principal materias que es la bauxita, y un 95% de la energía necesaria para producir aluminio como materia prima. A su vez, esto permite evitar hasta 9 toneladas de emisiones de CO2.
Cada año, gracias al reciclaje de chatarra de aluminio se consiguen ahorrar alrededor de 80 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, o lo equivalente a la eliminación de unos 15 millones de coches del parque automovilístico mundial.



















