El cambio climático arrasa con Centro América

El colapso del Istmo centroamericano a raíz de las fortísimas lluvias no puede explicarse, solamente, en clave de cambio climático. Porque hay desidia, corrupción y una idea de que la tragedia “vende”.

“Hablamos de niveles de daños muy serios y de muchos muertos”, explica Roberto Valente, encargado especial de Naciones Unidas para América Central.

Quince días de lluvias torrenciales han provocado el colapso del Istmo centroamericano: El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Costa Rica se enfrentan a una situación crítica. No es la primera vez, pero parece cada vez peor.
“Lo que está pasando en América Central es producto de los efectos del cambio climático. Los niveles de muertos son inaceptables pues, aunque sean menores que los de otros años. Los servicios de protección civil están manejando la situación a nivel de salvar vidas”, dice Valente.

En toda la región el saldo de víctimas mortales supera las 200 personas. Los desplazados alcanzan el medio millón. Las pérdidas en infraestructura son millonarias y las hectáreas de cultivos de granos básicos yacen bajo el agua: es como si el fantasma del poderoso huracán Mitch volviera a la mente de los centroamericanos.

Nicaragua es el último de los países centroamericanos que se enfrenta a una crisis en potencia. 16 personas han muerto a causa de las lluvias; mil kilómetros de carreteras han resultado destruidos y las tierras cultivables son imposibles de utilizar. Cerca de 150.000 personas han tenido que ser atendidas por la emergencia.

A pocas semanas de unas cruciales elecciones presidenciales, el gobierno del Presidente Daniel Ortega rentabiliza la tragedia. Ordena de forma inmediata que el Ejército atienda a las víctimas y damnificados. Promete nuevas casas y reconstrucción. Todo es válido en función de un voto electoral.

En el país vecino, El Salvador, el temporal de lluvias ha dejado 34 personas muertas, dos desaparecidas, más de 150.000 afectadas y 52.000 evacuadas. Además, 20.000 casas están anegadas en todo el país.

Monseñor Gregorio Rosa Chávez exige una atención integral para los damnificados de las lluvias. “Llegó la hora de la rehabilitación en todos los aspectos: el humano, el espiritual, el económico y el social, no podemos resignarnos a ofrecer a las nuevas generaciones más de lo mismo, sería un crimen imperdonable”, dijo el prelado.

Es el problema de América Central: más de lo mismo. Décadas de ayuda para evitar tragedias que se repiten sin final. Cada año es peor la fotografía y las víctimas siguen siendo las más vulnerables.

Rosa Chávez lo tiene claro y dice que el desastre evidenció “la vulnerabilidad económica, la vulnerabilidad social y la vulnerabilidad ecológica. Se debe ser más crítico a la hora de diseñar el plan de reconstrucción, no podemos ofrecer más de lo mismo a las nuevas generaciones. Necesitamos un nuevo país”, explica.

Edwin Romero es director de comunicación social de la Comisión permanente de contingencias de Honduras, y dice que “estamos tratando al máximo de que todo el recurso que ingresa por ayuda sea correctamente utilizado. Es odioso y anti humano que una ayuda que desembolsan gobiernos amigos se venga a mal utilizar”.

Los gobiernos de España, Taiwán y Estados Unidos han sido los primeros en solidarizarse con los más de 500.000 afectados que dejaron las lluvias que se registraron en Guatemala desde el 10 de octubre.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) anunció la donación de 457.000 euros “en respuesta a la emergencia suscitada por las fuertes lluvias que han dejado miles de damnificados y daños materiales”. Nuevamente, sumas millonarias.

Taiwán y Estados Unidos han destinado 300.000 y 50.000 dólares, respectivamente, en ayuda humanitaria. Venezuela ayuda con medicinas, alimentos no perecederos, agua potable y ropa.

Con la lluvia de ayuda internacional, América Central tiene que responder a preguntas que está ignorando. Problemas estructurales como la corrupción, la desidia y la falta de planeamiento se suman a las consecuencias de un cambio climático que se ensaña con el Istmo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba