El llanto de este bebé orangután deja mucho para reflexionar

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El caso del bebé orangután Budi no es sólo digno de causar indignación, enojo y tristeza, sino que también es una muestra de que los seres humanos somos una suma de sombras y de luces: las sombras nos llevan a cometer actos crueles e insensatos como lo que le hicieron a este pequeño orangután; mientras las luces, nos permiten ayudar a seres indefensos como el mismo Budi.

La historia de sombras: una mujer de un pequeño poblado de Indonesia mantuvo a Budi durante casi un año, encerrado en una jaula de gallinas; era su “mascota”.

Si alguna vez has visto las malformaciones que las jaulas producen a las gallinas en las granjas, podrás imaginar el daño que provocó en las extremidades del bebé orangután (si no lo has visto, aquí aprenderás bastante al respecto).

 

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El único alimento que Budi probó durante esos meses fue leche condensada. Al verlo débil y enfermo, en medio de su ignorancia, la mujer que lo tenía buscó ayuda para dárselo a alguien que pudiera hacerse cargo de él. Afortunadamente se encontró con la International Animal Rescue (IAR) que, después de una travesía de 10 horas, rescató al bebé orangután. Budi lloraba cada vez que lo movían o lo tocaban, y no podía levantarse ni mantenerse sentado por sí mismo.

La historia de luces: el personal de la IAR ha cuidado de Budi con mucha paciencia y dedicación. Además de sus malformaciones y su desnutrición, los médicos tratan al pequeño orangután de una severa enfermedad metabólica que afecta sus huesos. Todavía no está fuera de peligro, pero ha mostrado avances y, sobre todo, muchas ganas de sobrevivir.

Acá podrás ver a Budi en su dolor y también en su lucha por la vida:

 

 

Fuente: The Daily Mail

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