La captura de CO2 podría ahorrar a la atmósfera hasta el 90% de emisiones

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La aplicación de la tecnología de captura y almacenamiento de CO2 puede reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera hasta en un 90 por ciento en el sector industrial y energético, que representaron un 40 por ciento del total emitido el año pasado. Así lo ha asegurado la Plataforma Española de CO2, iniciativa que aglutina a 160 entidades públicas y privadas de toda España con el objetivo de impulsar el desarrollo en España de esa tecnología.

La captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2) es un proceso que consiste en separar dicho compuesto de fuentes industriales y energéticas, transportarlo a una localización en la que será almacenado, y aislarlo a largo plazo. A pesar de las apariencias por las noticias recientemente aparecidas, se trata de una tecnología con muchas cuestiones por resolver para ser viable, tanto desde el punto de vista económico como ambiental. Por otro lado, sólo se puede considerar como paliativa, en el sentido de que no pretende reducir nuestra producción de CO2.

El conocimiento de las implicaciones que puede tener el cambio climático generado por las actividades humanas ha crecido durante los últimos años. Este conocimiento ha supuesto un empuje a la investigación en la búsqueda de opciones para mitigar sus probables impactos.

La captura y almacenamiento de dióxido de carbono se presenta como una opción más en la lista de acciones para reducir o estabilizar el aumento de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero. Otras opciones incluyen las mejoras del rendimiento energético, el cambio a combustibles menos intensivos en carbono, el uso de fuentes de energía renovable, incrementar los sumideros biológicos, la reducción de las emisiones del resto de gases de efecto invernadero, etc.

Es cierto que desde hace mucho se vienen utilizando técnicas para separar y capturar rutinariamente el CO2 como subproducto de procesos industriales. Ahí están la producción sintética del amoníaco, la producción de hidrógeno, la calcinación de la piedra caliza, la captura en el agua para dar efervescencia a las bebidas carbonatadas, o su empleo como agente extractante en la obtención de la cafeína. Sin embargo, son procesos muy diferentes a los de captura y almacenamiento en el sector energético para intentar paliar los efectos del cambio climático. En efecto, para que el CO2 se pueda capturar de las centrales termoeléctricas y otras fuentes puntuales, el gas debe estar en estado relativamente puro y, en este caso, las tecnologías existentes no son rentables. Debido a la gran cantidad de aire que se añade a la combustión, las emisiones de CO2 aparecen muy diluidas en nitrógeno. Por ejemplo, en el caso de las emisiones de las centrales eléctricas de carbón, el CO2 supone únicamente un 10-12% en volumen y para conseguir un secuestro eficaz en estos gases de escape el CO2 ha de ser separado y concentrado.

Por otro lado, según diversos análisis realizados, añadir las tecnologías existentes para la captura del CO2 a un proceso de producción eléctrica podría suponer un aumento en el coste de electricidad entre 2,5 y 4 centavos de dólar por kWh, dependiendo del tipo de proceso. Debemos tener en cuenta que el coste actual de producción de la electricidad para una central de gas de ciclo combinado nueva está entre los 3 y 5 centavos de dólar por kWh, mientras que oscila entre los 4 y 5 centavos para una central nueva de carbón pulverizado de tipo supercrítico.

El secuestro de CO2 podría ahorrar a la atmósfera hasta el 90% de emisiones

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