Los Halcones Peregrino de la Gran Manzana

Desde los desfiladeros de Wall Street a los grandes puentes de la ciudad, desde el campanario de la iglesia de Riverside al centro médico más prestigioso, los halcones peregrinos, casi a punto de extinguirse, están haciendo sus nidos, reproduciéndose, y seguramente, cautivando a los residentes de Gotham.
Instalado sobre la torre del 927 de la Quinta Avenida, Pale Male es quizas uno de los vecinos mas celebres de la Gran Manzana. Este halcon de cola roja lleva viviendo en Manhattan desde principio de los años 90 y ha tenido ya varias parejas. Durante los primeros años era habitual verlo retozar con su primer amor, First Love, por las azoteas de Nueva York, como pueden ver en el video ambos sentian una especial predilección por el balcon de Woody Allen, sobre el que se apareaban sin ningun pudor.

Desgraciadamente First Love murió a los primeros años, por comerse una paloma envenenada en el Central Park. A Pale se le conocen tres parejas mas, con la última Lola ha tenido siete polluelos.

Sin exagerar, puede decirse que los neoyorquinos están encantados. Los halcones peregrinos de Nueva York constituyen una de las historias más felices sobre el éxito del ambiente.

El pesticida DDT y los componentes relativos que fueron usados luego de la Segunda Guerra Mundial, alteraron el metabolismo del calcio de estas aves, haciendo sus huevos riesgosamente delgados. Otros efectos de estos componentes fueron aún más siniestros: En algunos casos, los halcones adultos se comieron a los más jovenes.

Pero en 1972 el DDT fue prohibido, y en los años ’80 la Universidad de Cornell comenzó el riesgoso proyecto de reinserción de especies. Los científicos recogieron ejemplares de halcones y experimentaron exitosamente con la inseminación artificial. Construyeron los nidos en cajas, luego en puentes y más tarde en edificios.

Resultó ser el ambiente perfecto. Los halcones, quienes alguna vez vivieron en acantilados, se adaptaron rápido a los nidos artificiales. Les encantaron los ríos abiertos a manera de autopistas para planear a velocidades calculadas en más de 200 millas por hora. Los ex-predadores de la ya extinta paloma pasajera adquirieron el gusto por las palomas de calle. Y demostraron alegremente su hábito de tener sed de sangre, particularmente en la competición de reproducción entre los machos, los cuales son un tercio más pequeños que las hembras, de unas 20 pulgadas.

NYdailynewspbs

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