UE hace frente al cambio climático transformando Europa en una economía limpia, competitiva y baja en emisiones

union europea verde

Con un incremento significativo del gasto dedicado a políticas de cambio climático, la propuesta presupuestaria de la Comisión Europa demuestra un claro compromiso con el crecimiento sostenible para transformar Europa en una sociedad más verde y con menos emisiones. ¿Cómo se puede utilizar mejor el dinero de los contribuyentes en la Unión Europea? Esta ha sido la pregunta clave durante la preparación de la propuesta del nuevo presupuesto plurianual que la Comisión Europea presentó la semana pasada. En un momento como el actual, en el que los Estados de la Unión enfrentan serios desafíos fiscales y severas medidas de austeridad, es crucial que la cooperación a nivel europeo se centre en áreas que supongan mayores beneficios para los Estados Miembros y en los retos que no puedan ser resueltos por un país en solitario. En otras palabras, es necesario concentrarse allí donde la UE puede dar un claro valor añadido.

¿Dónde se encuentra este valor añadido? Bueno, si le preguntamos a los europeos parece que no hay dudas: una reciente encuesta muestra que casi nueve de cada diez europeos están a favor de destinar más fondos de la UE para las actividades ambientales y relacionadas con el clima. En el actual presupuesto de la UE, ya existen fondos dedicados a inversiones relacionadas con el clima como el fomento de la energía eólica, la mejora de las infraestructuras de la red eléctrica, un desarrollo urbano sostenible, etc. Aun así, sin embargo, solo alrededor del 5-7% del actual presupuesto de la UE está relacionado con el clima.
Mientras se mantiene el presupuesto total para el periodo 2014-20 estable en términos reales, la propuesta de la Comisión plantea aumentar la cuota de los gastos relacionados con el clima por lo menos a un 20% del total del presupuesto de la UE. Este importante aumento refleja la prioridad política de Europa para hacer frente al cambio climático mediante la transformación de Europa en una economía limpia, competitiva y baja en emisiones.
En lo que respecta a la agricultura nuestra propuesta plantea que el 30% de los pagos directos a los agricultores esté condicionado a prácticas más racionales desde el punto de vista ecológico y medioambiental; por ejemplo: la reducción de emisiones procedentes del estiércol y del uso de fertilizantes. Además, la nueva política de desarrollo rural se centrará más en apoyar las inversiones de los agricultores que sean respetuosas con el clima. En otras palabras, los agricultores tienen que producir, cada vez más, bienes públicos para recibir dinero público. Este es un importante avance.
En el ámbito de la política regional europea nuestra propuesta también está claramente marcada por cuestiones climáticas, como la eficiencia energética, que consideramos prioridades clave. En las denominadas regiones en transición o regiones del objetivo de competitividad (las que tienen un PIB superior al 75% de la media europea) proponemos que al menos el 20% de la dotación total se destine a la eficiencia energética y a la inversión en energías renovables.
El nuevo mecanismo ‘Conectar Europa’, que dedicará 40.000 millones a proyectos de infraestructuras de transporte, energía y TIC, se centrará también claramente en inversiones que respeten el clima. En los transportes daremos prioridad al ferrocarril y a las vías navegables interiores y marítimas. En energía, los planes del proyecto incluyen redes de electricidad procedente de fuentes renovables e interconexiones en toda Europa. El énfasis puesto en el clima es también evidente en el presupuesto de investigación e innovación, que nuestra propuesta ha incrementado considerablemente, pues ha pasado de 54.000 a 80.000 millones de euros. El cambio climático es uno de los seis retos sociales que se consideran prioritarios en el nuevo marco de investigación, por lo que se aumentará la financiación para fomentar el liderazgo industrial en tecnologías bajas en carbono y en tecnologías de adaptación al cambio climático.
Nuestra política futura de desarrollo pondrá la acción por el clima en el centro de sus prioridades y garantizará una dotación adecuada de fondos para el año 2020. Nuestro objetivo es invertir en cambio climático y objetivos medioambientales al menos un 25% de los fondos del programa de Bienes Públicos Universales.
Por último, pero no por ello menos importante, proponemos triplicar el presupuesto para proyectos específicos y a pequeña escala sobre el clima, que pasará de los 300 millones actuales a 800 millones en las próximas perspectivas financieras plurianuales. Este dinero es clave para apoyar a las PYME, ONG y las iniciativas locales y regionales en los ámbitos de la mitigación de los efectos del cambio climático y de la adaptación, así como en las actividades de concienciación.
¿Cómo garantizar que respondemos hasta del último céntimo comprometido en el gasto relacionado con el clima? Proponemos que exista la obligación general de señalar en qué medida los programas de la UE promueven la acción por el clima y la eficiencia energética y que se incluyan en esta medición de este rendimiento objetivos específicos para el clima. Para ello nos basamos en un método reconocido que ha desarrollado la OCDE. De esta manera podremos evaluar y controlar el gasto relacionado con el clima.
En resumen, la Comisión ha presentado un presupuesto que logra el equilibrio adecuado entre contención del gasto y ecología. Limitamos el gasto, pero manifestamos nuestra ambición y compromiso inequívocos de cumplir nuestros objetivos sobre el clima. Seguiremos trabajando en los detalles de cada uno de los instrumentos de las políticas específicas para garantizar que responden adecuadamente a los objetivos que nos hemos marcado. Ahora le toca a los Estados miembros y al Parlamento Europeo estar a la altura.

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