
Por: Joseba Vivanco
Tomar un vaso de agua fresca tiene un significado muy especial para los cerca de 22 millones de brasileños que viven en la región semiárida del Norddeste. Algunas de esas personas caminan el equivalente a 36 días de trabajo al año para ir en busca del preciado líquido.
Pero la pregunta última no es cuánta agua necesita una persona para beber, sino, como sugiere la Unesco, »cuánta agua `come’ una persona». En los países ricos, unos 3.000 litros diarios. Así es. Si tenemos en cuenta que para producir un kilo de carne de vacuno se necesitan entre 2.000 y 16.000 litros, la ecuación vuelve a ser fácil.
Además, el 70% del consumo total de agua en el planeta se lo lleva la agricultura. Para producir un kilo de trigo hacen falta entre 800 y 4.000 litros. Un ciudadano chino actual, que comía 20 kilos de carne al año en 1985, hoy consume 50; los suecos comen unos 76 y los estadounidenses nada menos que 125. Esto traerá consigo un aumento de la demanda de cereales para el ganado, lo que implicará más gasto de agua.
En estos momentos hay 340 millones de personas en África que tienen acceso al agua pero sin la garantía de no morir por diarrea. »Esas muertes se pueden evitar». Al menos se ve un destello de esperanza dentro de esas previsiones: para 2015 se confía en lograr que el 90% de la población mundial tenga acceso a agua potable; para tener un saneamiento digno habrá que esperar más.



















