Cambio climático y transporte urbano alternativo

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Por: JORGE MORA PORTUGUEZ. Dos fenómenos de carácter global afectan gravemente la economía y la calidad de vida de la población de nuestro país. Por un lado, el cambio climático global, cuyos impactos sufrimos cada vez en forma más directa y severa a través de lluvias intensas que provocan inundaciones, deslizamientos, daños en la infraestructura vial, en las viviendas, entre otros.

Por otro lado, una crisis energética mundial evidenciada por los cada vez más elevados precios en los combustibles fósiles, como producto del agotamiento de las reservas mundiales, así como de los conflictos en Oriente Medio.

Ambos fenómenos han llegado para quedarse, y no se vislumbra una pronta solución para ninguno de ellos en el corto o mediano plazo.

Desarrollo urbano. Pero, como si esto fuera poco, nuestro pais tiene otra serie de problemas muy graves relacionados con su modelo de desarrollo urbano. Uno de los más significativos es el del transporte urbano.

Las enfermedades respiratorias y otras relacionadas con el sedentarismo y la obesidad están en aumento, mientras el estrés y la violencia se apoderan de nuestras carreteras.

Europa, los gigantes asiáticos, y muchos países de América Latina ya han desarrollado extensas redes de ciclovías urbanas y promueven el uso de bicicletas como medio de transporte urbano, no solo para la recreación, sino para que la población se movilice hacia sus centros de trabajo y de estudio.

Se ha creado toda una infraestructura urbana, con estacionamientos para bicicletas en sitios públicos, comercios e instituciones, así como en paradas de buses y trenes. Además, se han señalizado las calles y carreteras, dando prioridad a ciclistas en las vías públicas, obligando a los conductores a respetarles.

Los vehículos particulares ocupan el 70% de todo el espacio público disponible en nuestras ciudades, pero solo movilizan al 30% de la población; es decir, a una pequeña élite urbana que acapara y se beneficia del espacio público y que traslada los costos sociales y ambientales de su forma de vida, al grueso de la población; a ese 70% de las personas que día a día se aglomeran en estrechas aceras, que sufren la contaminación, el ruido y la agresividad de conductores violentos, que se creen dueños de las carreteras.

Las ciclovías no son suficientes; es necesario que se dote a las ciudades de la infraestructura necesaria, instalando estacionamientos, colocando señales viales, creando incentivos para quienes usen su bicicleta como transporte.

Es necesario que las ciclovías estén interconectadas entre sí, o bien se construyan en forma de circuito para que la población pueda usarlas.

Será de esta forma como nuestro país podrá adaptarse a la crisis energética y al cambio climático global que ya nos golpea; se logrará reducir el gasto en combustibles y aliviar el bolsillo de la gente, al tiempo que se eleva la calidad de vida de la población, se mejora la salud, se reduce el estrés y la violencia urbana.

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