Científicos «resucitan» una planta de la edad de hielo

Silenestenophylla

En la famosa película de animación «La edad de hielo» hay una ardilla que se pasa la vida intentando recoger semillas y enterrarlas en la nieve. Imaginemos una escena parecida en la realidad, hace 30.000 años en algún lugar de Siberia. La ardilla entierra algunos frutos bajo el hielo y estos permanecen allí hasta que un grupo de científicos los recuperan, siembran una de las semillas y obtienen una planta.

Esto es exactamente lo que acaban de poner en práctica un grupo de investigadores rusos cuyo trabajo publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). El equipo ha conseguido plantar y hacer crecer con éxito un ejemplar de Silene stenophylla a partir de los restos de un fruto. Se trata de la semilla más antigua que se ha hecho brotar hasta ahora.

Las plantas de Silene stenophylla siguen creciendo hoy en día en la tundra siberiana y presentan diferencias muy sutiles con la planta regenerada, que pueden permitir estudiar en profundidad el proceso de evolución de estas plantas.

Hasta ahora, las plantas más antiguas devueltas a la vida habían sido unas semillas de palmera almacenadas durante 2.000 años en suelo de Israel.

Objetivo: «resucitar» un mamífero

El lugar donde se hallaron las semillas es un bancal del río Kolyma, en Siberia, y es una zona habitual de búsqueda de huesos de mamut. Las madrigueras están a 38 metros de profundidad bajo la superficie actual en una capa que contiene restos de mamíferos como bisontes, rinocerontes lanudos y ciervos, además de mamuts.

El estudio demuestra que el tejido puede conservarse durante decenas de miles de años y abre el camino, según los investigadores, a la posible «resurrección» a partir de material genético, de animales del Holoceno y Pleistoceno. Un equipo de investigadores japoneses trabaja en la misma zona en busca de restos de mamut suficientemente bien preservados como para permitir la regeneración de uno de estos animales.

«Si tenemos suerte», asegura Stanislav Gubin, uno de los investigadores, «puede que encontremos tejidos de alguna ardilla congelada». El estudio demuestra que las madrigueras de estos animales han permanecido congeladas sin interrupción desde hace 30.000 años y son una especie de cámara de conservación natural. Si la piel de las ardillas que encuentran en su interior está lo suficientemente bien preservada, cabe la posibilidad de que el material genético permita que la realidad imite a la película y que una ardilla (clonada) de la edad de hielo vuelva a corretear por la nieve.

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