Cómo los ricos destruyen el planeta

Por: Sara Acosta. El periodista Hervé Kempf saltó fuera de las páginas del diario Le Monde cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, recomendó su libro Cómo los ricos destruyen el planeta (Clave intelectual) durante la cumbre del clima de Copenhague, en diciembre de 2009. “Será que los ricos piensan ir a otro planeta cuando destruyan este”, machacó.

El libro de Kempf, un histórico en las cumbres del clima y del periodismo ambiental, en sus páginas destilan un mensaje muy claro: la riqueza de una oligarquía que ha favorecido la voracidad del capitalismo está destruyendo el bien social y se está materializando a costa de los recursos naturales. Las cifras avalan su teoría.
El 5% de la población mundial, unos 300 millones de propietarios, controla casi la totalidad de la capitalización bursátil mundial.

Al final, son las clases más desfavorecidas las que sufren los excesos de la producción de bienes materiales que superan con creces las necesidades de la sociedad, suscribe Kempf.
El mejor ejemplo es China, donde el ministro de Medio Ambiente, Zhou Shenxian, reconoció en 2004 que el país registró hasta 51.000 conflictos relacionados con el medio ambiente, “entre ellos decenas de ‘pueblos del cáncer’, rodeados de fábricas químicas que expulsan sin vergüenza los contaminantes del aire al agua, lo cual causa graves enfermedades a sus impotentes vecinos”, escribe Kempf.

Para este periodista, el problema radica en la Teoría de la clase ociosa que acuñó el economista Thorstein Veblen, ignorado por la economía contemporánea y que resume la escalada de producción de bienes en la que se apoya el sistema capitalista en que “toda clase envidia y trata de emular a la clase situada por encima de ella en la escala social”. La sociedad contemporánea estaría así hecha de mimbres de rivalidad en una carrera por la distinción que empuja a producir mucho más de lo que se necesita.

¿Hay salida? “Se está generando una cierta toma de conciencia sobre los problemas ecológicos, y sobre que el sistema financiero sólo funciona para defender el sistema capitalista y no a la sociedad, pero la gente sigue muy influenciada por esa oligarquía y por el gran consumo que se difunde por televisión”, explica Kempf, que está estos días en Madrid promocionando su libro. La solución, apunta, sería favorecer una economía orientada hacia actividades que respondan al medio ambiente y así a la creación de empleo, y pone como ejemplo la agricultura, dominada por grandes empresas industriales y por la distribución, en detrimento del conocimiento de los agricultores de la tierra que trabajan.

Kempf entorna otra salida, y es que la izquierda integre los valores medioambientales y salga del círculo vicioso en el que entró en los años ochenta “cuando aceptó la lógica neocapitalista, olvidando lo social y siendo indiferente a las cuestiones medioambientales, que subcontrató a los partidos verdes”. Que el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), el francés Dominique Strauss Kahn, se planteara como favorito en la izquierda francesa para aspirar al Elíseo en 2012 muestra esta amalgama, “así como que Zapatero gestionara la crisis económica sin poner en duda el papel de los bancos”, concluye Kempf.

El movimiento alterglobalización o el 15-M son para Kempf partes de una toma de conciencia colectiva “que une la cuestión social y la ecológica, pero falta traducirlas en fuerzas creativas y engancharlas a la política, un asunto crucial”, matiza Kempf. “Espero que encontremos una solución rápida, porque si no, se corre el peligro de que la cólera popular fomente posiciones extremas que nos conducirían a un capitalismo cada vez más autoritario”.

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