Economia verde una solución al cambio climático y la pobreza

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Mientras la energía convencional aparece como responsable principal de las emisiones de gases causantes del calentamiento global , la producida por fuentes renovables actúa de bálsamo ante desajustes ambientales y sociales.

Un organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) apuntó al respecto esta semana que las fuentes renovables, elemento esencial de la llamada economía verde, pueden reducir la pobreza energética que afecta a 1.400 millones de personas en el mundo y también ayudar a que los países en desarrollo afronten la mitigación del cambio climático.

Ante la actual crisis financiera, es mayoritario el convencimiento de que la economía se debe transformar de modo ambientalmente sustentable para que mejoren las condiciones de vida de la creciente población del planeta.

Con relación a la energía, datos del año anterior demostraban que por entonces 20 por ciento de la población mundial carecía de acceso a la electricidad para cocinar, calefacción, iluminación, comunicaciones y usos productivos.

Las poblaciones de África subsahariana son las más castigadas por las carencias de electricidad, que afectan a 70 por ciento de sus habitantes, en particular en las zonas rurales.

Empresas y consumidores apoyan de manera creciente las formas de energía eficiente y las tecnologías de las renovables, al igual que los alimentos orgánicos, los biocombustibles, los productos de madera, el ecoturismo y otras variedades.

El organismo de la ONU comprobó que la demanda de esos productos favoreció en algunos casos la creación de empleo digno e incrementó las oportunidades de desarrollo para las comunidades más pobres de los países del Sur.

Muchos estados han respondido a ese florecimiento de los mercados de la economía verde fortaleciendo su capacidad de producción y de exportación.

Los aumentos más notorios de exportaciones se han verificado en tecnologías de energía renovable, como los paneles solares o las turbinas de viento, así como en productos de iluminación eficientes.

Entre otros ejemplos se pueden mencionar, los casos de India, que figura entre los primeros 10 mayores exportadores de turbinas hidráulicas del mundo, y de Malasia, que está entre los primeros cinco principales vendedores de células fotovoltaicas.

Sin embargo, el mundo en desarrollo todavía encuentra obstáculos cuando intenta compartir una transición factible hacia la economía verde.

Muchos países en desarrollo carecen del suficiente capital financiero, técnico y humano necesario para transformar sus economías. También afrontar el desafío de promover el desarrollo nacional, un requisito fundamental para reducir la pobreza y establecer la igualdad en sus sociedades.

Al mismo tiempo, las naciones del Sur necesitan mermar su dependencia de las fuentes de energía convencionales, que hasta épocas muy recientes han marcado la matriz de su crecimiento económico.

A pesar de todos los esfuerzos, los combustibles de origen fósil representan todavía 89 por ciento del consumo mundial de energía.

Otro motivo de preocupación son las desventajas competitivas que surgen durante la transición. En especial les inquietan las perspectivas de restricciones a su crecimiento y desarrollo económico mediante trabas al acceso de sus exportaciones a los mercados mundiales.

Entre esos obstáculos se mencionan las barreras no arancelarias y los estándares privados relacionados con el impacto ambiental del comercio de bienes y servicios.

Cualquier mecanismo internacional que se establezca para apoyar la transición de los países en desarrollo hacia la economía verde deberá abstenerse de imponer nuevas condiciones en el comercio internacional y en la cooperación financiera.

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