El cambio climático es un fenómeno global que afecta especialmente a los grupos más vulnerables

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Las poblaciones más vulnerables están más expuestas a los riesgos desatados por un sistema de producción y de consumo no sustentable. En nuestro pais, a través del impulso al consumismo y la extracción descontrolada de recursos naturales, se exhibe un notable desinterés político por el futuro.

La cuestión del cambio climático, que ha cobrado cierta presencia pública por la exposicion mediatica, es ilustrativa del modo en que los réditos de corto plazo, o sus expresiones materiales al menos, pueden ser la antesala de fuertes pérdidas colectivas de largo plazo.

Hoy los efectos del cambio climático no preocupan ni a gobiernos ni a la población en general.

Además, se argumenta que no son los países menos industrializados los que deben atender un problema causado por los países más avanzados. Incluso, desde los poderes políticos y económicos se suele descalificar y perseguir a los movimientos ambientalistas acusándolos de atentar contra el progreso de nuestras sociedades.

El cambio climático es un fenómeno global que afecta especialmente a los grupos más vulnerables. Hay suficiente evidencia para augurar que es en los países menos avanzados donde se han de manifestar eventos extremos de elevadas temperaturas, disrupción de sistemas ecológicos, nuevos riesgos para la vida, deterioro de asentamientos e infraestructura de servicios públicos, etc.

Estos eventos directos se descargan mayormente sobre las poblaciones más vulnerables, quienes también se ven afectadas por riesgos indirectos , como las migraciones masivas.

Debe esperarse también conflictos internacionales sobre recursos naturales (especialmente agua) ; problemas en el sistema de comercio internacional por cumplimiento/incumplimiento de compromisos ambientales y por crecientes precios de productos alimenticios.

Quienes desvalorizan el problema señalan que siempre se ha tenido que lidiar con inundaciones, sequías, tormentas violentas, etc. Sin embargo, el problema está en la incidencia, severidad y distribución de los efectos de estos fenómenos , que abren conflictos entre las necesarias políticas tendientes a mitigar sus impactos y el llamado “progreso económico” tal y como se concibe actualmente.

El cambio climático cuestiona la continuidad del régimen de crecimiento económico del capitalismo industrial y la organización social que depende del mismo.

En particular, la esperanza de que es posible sostener crecientes niveles materiales de consumo con las tecnologías actuales y para una población en constante aumento.

El crecimiento económico del capitalismo industrial oculta conflictos distributivos porque genera una imagen de que “todos pueden ganar” y consumir en exceso.

Pero el ecosistema que sostiene la vida en el planeta no lo permite porque ese régimen de crecimiento usa y degrada limitados recursos naturales Por lo tanto, el problema se traslada a las tecnologías de producción que usan esos recursos escasos, a los productos que se elaboran con los mismos y a su distribución.

La pretensión de desacoplar la actividad económica de las presiones ambientales no ha tenido mayor éxito hasta el momento, pese a que técnicamente se ha demostrado que es posible incrementar la eficiencia ambiental en el uso de recursos y en los procesos de producción. En gran medida el problema es político : la legitimidad que otorga a los grupos de poder el crecimiento económico y la persecución del consumo imitativo de los grupos de altos ingresos.

Si no se crece y no se consume hoy, se pierden elecciones y se pierde plata hoy. El futuro no es un tema políticamente importante .

Panama, como la mayoría de los países, es un ejemplo de esto. Cada vez se acentúa más el régimen de crecimiento liderado por el consumo imitativo y se consolida una estructura económica que depende de la extracción descontrolada de recursos naturales , la erosión de los suelos productivos, una matriz energética concentrada en hidrocarburos, a lo que ahora se pretende agregar la extracción de gas no convencional que agravará el daño ambiental.

Gran parte de estas actividades extractivas está bajo el control directo o indirecto de multinacionales con dudoso interés por el futuro de los nacionales y de la humanidad.

El cambio climático reclama una urgente transformación de las prácticas de producción y el cambio de prioridades colectivas hacia consumos universales básicos sustentados por nuevas tecnologías y nuevas formas de organización de la producción, el empleo y la distribución del ingreso. La defensa del ecosistema donde se desarrolla la vida debe incorporarse como un derecho social y humano básico que interpela a un sistema político alimentado de los réditos electorales del consumo imitativo de corto plazo. Si no se aborda desde ya el problema, lo más probable es que la crisis cada vez más cercana del capitalismo industrial como hoy lo conocemos nos imponga el cambio.

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